viernes, 1 de junio de 2012

460.- La nueva “Educación para la Ciudadanía”

El ministro Wert


La nueva “Educación para la Ciudadanía”:
La reacción ideológica en acción

Por Santi Amador.


La ofensiva contra los y las de abajo del gobierno del PP no sólo se está reflejando en ataques laborales y pérdida de prestaciones sociales a favor de los intereses de la clase dominante. Al aumento de la represión policial ante un escenario de mayor conflictividad social (con insinuaciones de endurecimiento del código penal para criminalizar a la disidencia), se une una gran apuesta porque las ideas neoliberales y conservadoras de la derecha sean hegemónicas en la sociedad. Desde declaraciones de Gallardón hablando de que las mujeres que no tienen hijos no alcanzan su plenitud como tales (reflejando el carácter machista del sujeto y del gobierno en cuestión) o las del “orco” del gobierno popular, el ministro Wert (señalando al alumnado inmigrante como culpable del fracaso escolar, entre otras perlas), hasta la última modificación que va a llevar a cabo el Ministerio de Educación de Wert, cambiando la ya de por sí descafeinada Educación para la Ciudadanía. En el presente artículo hablaremos por un lado del origen de esta asignatura y las pretensiones de la misma, señalando posteriormente los cambios actuales que quiere introducir el ministerio. Acabaremos reflexionando sobre qué asignatura que hablara de derechos humanos fundamentales, desde mi punto de vista, deberíamos plantear.

Origen

La asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC) nace en el cénit de popularidad del gobierno de ZP, en abril del 2006. El contexto en el cual se enmarca la asignatura, impartida con posterioridad en los cursos 2º o 3º de ESO, según la comunidad autónoma (incorporando elementos de la misma en Ética de 4º de ESO o en Filosofía de 1º de Bachillerato), es el de apuesta del gobierno del PSOE como abanderado de la defensa de los derechos civiles (Ley de matrimonio homosexual, ley contra la violencia de género, etc.) y de la Alianza de Civilizaciones (no como muestra de solidaridad entre pueblos, sino a través de estrechar relaciones con regímenes de dudoso carácter democrático, como la Turquía de Erdogan). Asimismo, surge en un contexto pre-crisis de debilitamiento y desorientación de los movimientos sociales y las organizaciones que habían abanderado la lucha contra el gobierno de Aznar, lo que permitió a ZP y su gobierno aparecer como defensores de los desfavorecidos.



Más allá de lo limitada de dicha asignatura como base para la formación de individuos críticos y comprometidos con el estado de las cosas (viniendo de una asignatura recomendada por el Consejo de Europa e impartida en numerosos países europeos poco sospechosos de tener políticas rupturistas), la asignatura también ha estado a merced de los centros educativos en los cuales se impartían o de la ideología derechista de algún profesor. Así, en numerosos colegios católicos se obviaban con determinados manuales temas referentes al aborto o al matrimonio de personas homosexuales. No obstante, la Iglesia Católica lanzó una feroz campaña contra ella (expresándolo incluso en actos masivos) y la derecha española demostró lo mucho que le queda por avanzar para asimilarse a las centro-derechas europeas, mostrando su pedigrí poco democrático y su herencia directa de la dictadura franquista, acusando a dicha asignatura de adoctrinamiento ideológico que, según ellos, la izquierda pretendía llevar a cabo. Sin embargo, a pesar de la brutal propaganda de las organizaciones y medios de comunicación de la derecha, su éxito será limitado, pues, por poner un ejemplo, de 800.000 estudiantes que cursaban la asignatura en 2009, sólo 114 se declararon objetores de conciencia sobre la misma.


La “reacción” ideológica en escena

Durante los siete años de gobierno de ZP, el PP prometió que si llegaba al poder derogaría EpC y la sustituiría por otra asignatura. El “orco” que dirige el ministerio de educación, el señor Wert, no contento con los mayores recortes realizados en el sector educativo en los últimos 30 años (que han provocado una huelga histórica –y con un seguimiento masivo– el pasado 22 de mayo en todos los niveles educativos, desde infantil a doctorado), lleva insinuando desde enero que había que cambiar (o desnaturalizar aún más) radicalmente EpC. La ofensiva ideológica del gobierno del PP está servida, con una “nueva” EpC, ahora llamada Educación Cívica y Constitucional. A continuación (y según el propio ministro tratando de “eliminar las cuestiones controvertidas y susceptibles de adoctrinamiento ideológico”), desglosaré los cambios más relevantes que se pretenden introducir.



Por una parte, reflejando su auténtico carácter de clase, el ministerio pretende eliminar cualquier referencia a los conflictos sociales y las desigualdades, eliminando, como aparecía en la ley que sustentaba a la anterior asignatura, “la búsqueda del compromiso con el cambio social o la compensación de desigualdades”. Asimismo, y para que el alumnado adquiera los valores neoliberales y ultracapitalistas, se hará referencia expresa a la iniciativa privada como fuente de bienestar, suprimiendo cualquier discusión en torno a posibles alternativas no ya al capitalismo sino al neoliberalismo o no cabiendo la discusión sobre los efectos perniciosos del mercado.

De manera también descarada y para criminalizar a la disidencia con las medidas del gobierno, se buscará hacer hincapié en el mantenimiento y el respeto del status quo, buscando el más absoluto y falto de crítica apoyo a los límites legales y constitucionales (Constitución que usan para reprimir y criminalizar, y no para hacer cumplir aspectos recogidos en la misma como el derecho a la vivienda o al trabajo).


Asimismo, en línea con lo expresado por ministros/as machistas y patriarcales como Ana Mato o Gallardón, se pretende eliminar cualquier referencia a la homofobia como perniciosa y al respeto y plena aceptación de las personas LGTB. En este sentido y como contrapartida, se quiera hacer una defensa expresa de la familia (la familia tradicional y patriarcal, con la mujer haciendo el trabajo doméstico y de cuidados) en el marco de su sacrosanta Constitución española. Con estos cambios pretenden contentar a la caverna mediática (Intereconomía y otros medios “fachas”) y la Iglesia Católica, para la que no hay recortes y que en plena época de crisis económica mantiene todos sus privilegios.

La defensa del modelo de estado centralista y españolista no podía quedar fuera de la nueva asignatura adoctrinadora “pepera”. De esta manera se hará mención expresa a los “nacionalismos excluyentes” (aunque parecen olvidar que el nacionalismo más excluyente, chovinista y racista es el español), tratando de adoctrinar a las nuevas generaciones en el no respeto a los derechos nacionales de la naciones y territorios que libremente lo desearan en el Estado español.

Por último y en una línea perfectamente coherente con los recortes en el sector educativo que se están dando, se pretende eliminar la “falta de educación como fuente de pobreza”. Un gobierno que recorta 3.000 millones de euros en educación para las comunidades autónomas, con un ministerio de educación cuyo presupuesto es 3 veces inferior al dinero empleado en salvar a Bankia o que pretende aumentar el precio de las matrículas universitarias en por lo menos 540 euros por matrícula, no puede hacer mención a que eso es una fuente de pobreza. Pretende hacer creer, alienando a los hijos de las clases populares, que las causas de su desempleo o de su falta de acceso a un trabajo cualificado, es culpa de ellas y que no se han esforzado lo suficiente y no de los esfuerzos brutales de un gobierno al servicio de los ricos.

Nuestra educación y la suya

Para acabar, quiero hacer hincapié en el modelo de asignatura y de educación que, desde mi punto de vista, deberíamos plantear. Debemos apostar por una educación pública, gratuita, universal e inclusiva, sobre todo para los sectores más desfavorecidos, léase hijos/as de inmigrantes, parados, etc. De ahí nuestra oposición a todos los recortes, vengan de quien vengan: del gobierno del PP en el Estado, del PSOE e IU en la Junta de Andalucía o de CiU en Catalunya. Nuestra educación debe ser científica, laica, etc. En definitiva, en búsqueda constante del pensamiento crítico y la subversión a cualquier tipo de imposición de los de arriba, una educación libertaria. Esa debería ser la naturaleza de una asignatura como EpC, y no el buenismo hipócrita de la EpC de ZP o el derechismo de la “EpC” del gobierno del PP.

Pero no podremos construir esta educación que queremos si en primer lugar no paramos los recortes del Estado y de las comunidades autónomas que los apliquen. Estamos en una fase defensiva, defendiendo lo que teníamos. Desde mi punto de vista, una vez que la recuperemos tenemos que seguir ganando derechos. Por ello, y como bien dicen muchos activistas estudiantiles y del profesorado, “el profe luchando, también está enseñando”. Ese es el camino.








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