miércoles, 11 de junio de 2014

793.- Rosa y espinas


marat
Marat

Rosa y espinas


Los suicidatas

Por Aníbal Malvar
11 jun 2014

Andan los socialistas españoles suicidándose con una fineza y donosura que uno no veía desde el apuñalamiento de Marat por una dama. Qué elegancia en el morirse, qué métrica en su expirar, qué reinona en sus convulsiones. Y qué paradójico que el partido de la rosa esté escenificando su marchitar en plena primavera. Todo son ventajas para quien desee escribirle la elegía. Que no seré yo, pues aun siendo poeta tengo cosas menos insignificantes que hacer.

Cantaba Georges Brassens, en sol sostenido anarquista, aquello de Mourrons pour des idées, d’accord, mais de mort lente (muramos por las ideas, de acuerdo, pero de muerte lenta). Pero se conoce que el socialismo moderno español, aun habiendo nacido en Suresnes, no entiende bien el francés, y se ha creído que morir por falta de ideas es la ingeniería correcta para manejar los remos de Caronte.

Continuando al norte de los Pirineos, el PSOE nos va desgranando razones para pensar que los que equiparaban a Alfredo Pérez Rubalcaba con el padre del espionaje, Joseph Fouché, eran unos patanes. Rubalcaba es Charlotte Corday, salvando diferencias de sexo, arrojo, coquetería, ideología y modo de morir, ya que la asesina de Marat falleció en la guillotina y Rubalcaba se echará la cabezadita eterna tras un congreso extraordinario.

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No esperaba uno esto de Rubalcaba. Porque, a pesar de los 32 años transcurridos desde la victoria de Felipe González en 1982, los idealistas y versificadores de la izquierda todavía pensábamos que en el corazoncito de los clásicos del PSOE aun sobrevivía un asomo de socialismo y de obreraje. Y esta parece la mejor, y la última, oportunidad para echar a ondear ambas viejas banderas.

Dan las últimas encuestas noticia de que más del 30% del voto que ha obtenido Podemos proviene del PSOE. Yo creo que Pablo Iglesias, si no se empantana en el fangal del éxito y las intrigas, ya puede ir contando con un 50% o más. Quemada Susana Díaz antes de nacer por chulita, vampirizado Eduardo Madina por los murciélagos de Rubalcaba, mareada Carme Chacón por sus propios vaivenes entre el me quiere y el no me quiere, afeado Patxi López desde que se convirtió en perdedor casi nato en Euskadi, y transparentados los varios espontáneos en su propia falta de carnalidad, sospecho que las primarias abiertas del PSOE también las va a ganar Pablo Iglesias sin presentarse.


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Lo que uno no acaba de comprender, por mucho que ejercite el cacumen, son las razones profundas que están inspirando a los sociatas a convertirse en suicidatas. A no ser que estén escenificando una proposición de ley que avale el derecho a morir dignamente que tan caro le salió a mi viejo amigo Ramón Sampedro (mar adentro, eutanasia y tal, por si lo habéis olvidado). Pero se están equivocando un rato, porque su muerte tiene demasiados visos de acabar siendo indignísima.

Leíamos ayer, en este mismo panfleto rojo de mierda, que Zarzuela prepara un desfile triunfal de Felipe y Letizia por las calles de Madrid tras la proclamación, con sus banderitas, sus vítores, sus vasallos, sus paletos y tal. Lo mismo habría de planear el PSOE tras la coronación de su nuevo secretario general, en una carroza (por carrozas), que lo conduzca desde Ferraz hacia la calle del Olvido.

Apena este zafio morir del partido que, para toda una generación, encarnó la esperanza, el cambio y a esa España que ya no conocería ni la madre que la parió, como prometió Alfonso Guerra (ayer también autoproclamado juancarlista para tristeza de su memoria).

Solo dos diputados solicitaron libertad de voto para poder escaquearse de la vergüenza del sí disciplinado al proyecto de ley orgánica de abdicación, que se dirime hoy. “Yo no puedo autorizar esa opción”, ha zanjado Rubalcaba el disenso recordándonos a los votantes la tradición republicana, diversa, democrática y esperanzadora que nos impele y nos impelirá a votar a cualquier otro partido. Brindo por el PSOE con una copa de lágrimas de rosa.



Patxi López recibe "presiones" para que luche por liderar el PSOE

Lidera tú, que a mí me da la risa

Por David Torres
11 jun 2014

Para afrontar el problema de la sucesión, en el PSOE están echando mano de la leyenda artúrica, la cual nos revela que en Camelot había una espada hincada en una roca y que únicamente podría extraerla el hombre destinado a reinar sobre los caballeros de la Tabla Redonda. He dicho hombre aunque Rubalcaba, que ejercía de Merlín en esta historia, se apartó para dejar paso a una mujer sin advertir que la leyenda artúrica es fundamentalmente fálica. Al dejar libre el Asiento Peligroso, la silla sobre la que se sentaron el culo de Zapatero y el suyo propio, Rubalcaba ha iniciado un nuevo ciclo artúrico de imprevisibles consecuencias.

En principio Susana Díaz parecía la candidata ideal para cumplir la profecía, pero la pobre mujer está muy ocupada liderando procesiones, misas legionarias y hermandades rocieras. Susana ha hecho suya aquella sabia observación de Chesterton que dice que cuando alguien deja de creer en Dios entonces puede creer en cualquier cosa. Puestos a creer en imposibles, mejor seguir creyendo en la Semana Santa, ese gran clásico del socialismo andaluz. Llegan a nacer Marx y Engels en Triana y la primera frase del Manifiesto Comunista hubiese quedado más o menos así: “Un nazareno recorre Europa, mi arma”.

En su momento de esplendor, Felipe González ya logró una síntesis dialéctica entre el marxismo y la paella: una tortilla de patatas, pana y aceitunas que anunciaba el cambio político de los fogones al microondas. España era él y sus circunstancias. Cuando abdicó de la Bodeguilla, a Felipe González se le fue poniendo primero cara de jardinero japonés, luego de mechero y por último de cocinero televisivo hasta el punto de que ya abronca a todo Dios y le hace la competencia a Chicote. Superado el califato, el psocialismo del siglo XXI consiste (como ya advirtió Patxi López antes de hacer las maletas) en armonizar la monarquía con la república, un gazpacho ideológico que vete a saber cómo y por dónde se toma. Ayer Alfonso Guerra, que lleva aferrado a su escaño (cual percebe) casi cuatro décadas, hizo un elogio del monarca saliente en el que por poco rompe a cantar una saeta. Al ritmo de mamarrachadas que llevan en Ferraz, el partido lo puede acabar presidiendo Corinna. O Fernando Esteso, en el mejor de los casos. Sólo ahora se percibe que durante sus siete años y pico de reinado (al que llegó tras ganar un concurso de misses a Rosa Díaz), parecía que José Luis no estuviera haciendo nada y en realidad estaba depurando el aparato de vida inteligente hasta no dejar ni una neurona sana.

El principal problema al que se enfrenta ahora el sucesor de Rubalcaba no sería tanto desviarse del temido ayuntamiento carnal con el PP sino, más que nada, evitar que el electorado los confunda. Algo verdaderamente difícil, porque cuando Madina o Pedro Sánchez prometan que van a hacer tal o cual cosa, el votante aún no contaminado por el alzheimer se preguntará cómo es que no lo hicieron antes, durante las dos legislaturas de José Luis el Sonriente o en algún momento del largo y voluble sultanato de Abderramán Felipe el Gaseoso. Entre el apoyo a la OTAN, el auge de la banca, el desmenuzamiento de la educación pública, la feria de los GAL, el fomento institucional de la corrupción, el pleno desempleo y la aceleración judicial de los desahucios, las bases, los peatones y la peña en general andan muy mosqueadas desde que se han dado cuenta de que el PSOE es la continuación del PP por otros medios. Más que una renovación, en Ferraz necesitan una fumigación a fondo y un candidato que no huela mucho a silla de segundo culo.









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