miércoles, 13 de junio de 2012

495.- 25 militares de la República




25 militares de la República

Al final salió: se acaba de publicar el libro “25 militares de la República”, que, editado por el Ministerio de Defensa, recoge las biografías de, como indica el título, 25 militares profesionales que durante la guerra civil defendieron la legalidad republicana, y por ello sufrieron la venganza y la inquina del régimen triunfante. Como hizo notar en la presentación del libro su coordinador, Javier García Fernández, de los veinticinco, siete murieron fusilados, quince exiliados, y tres en España, pero perseguidos o despreciados.

Hago notar un dato que he mencionado, y que podría pasar inadvertido: la obra ha sido editada por el Ministerio de Defensa. Ello es notable, porque por fin desde ese organismo se reconoce el valor de personalidades que fueron miembros de las fuerzas armadas, y de los que éstas no parecían sentirse herederas ni orgullosas. Se trata sin embargo de figuras que cumplieron con su deber de forma estricta: obedeciendo a sus superiores y a la legalidad de su país.

El libro contiene una contribución mía: la biografía del coronel Julio Mangada Rösenorn. Sobre este destacado militar ya he tratado en esta web en diversas ocasiones, dada su fuerte vinculación con el movimiento esperantista. Le había dedicado una amplia semblanza en esperanto, pero faltaba hasta el momento una biografía más completa en castellano. Como he dicho en otras ocasiones, era extraño que una persona que fue tan famosa en diversos periodos de su vida, hubiera sido condenada casi al olvido salvo en ambientes especializados. Peor aún: incluso en estos ámbitos su imagen está claramente distorsionada: se le adjudica una fama de loco, derivada de algunas caracterizaciones de la época, que creo que no merece, o que al menos deben ser fuertemente matizadas.

No voy a negar que ciertos rasgos de Mangada le acercan a una figura quijotesca, en ambos sentidos de la palabra (“hombre que antepone sus ideales a su conveniencia y obra desinteresada y comprometidamente en defensa de causas que considera justas, sin conseguirlo” y “hombre alto, flaco y grave, cuyo aspecto y carácter hacen recordar al héroe cervantino”, según el DRAE), y así lo he hecho notar en el texto. Pero espero haber dado los elementos de juicio necesarios para que cada lector saque una conclusión más fundada sobre su personalidad, sobre la que ha caído un juicio que sucesivos historiadores habían aceptado hasta ahora con poco espíritu crítico.

La biografía que he publicado cubre todas sus facetas: su vida personal y profesional, su activismo, su relación con diversos movimientos sociales, sus momentos de brillo y su posterior apagamiento, las opiniones muy polarizadas sobre su papel militar y político y sobre su carácter. En el proceso de edición se ha suprimido una parte de su relación con el esperanto, una de las actividades que más le ocuparon, y que en gran parte permite valorar su carácter, ya que su aproximación a este idioma estaba netamente ideologizada. Tampoco ha cabido la discusión sobre su amplia obra escrita, algo que le diferenciaba de la mayoría de sus colegas de armas. Es una pena, porque creo que completaban bien su figura, aunque comprendo que en el contexto de una obra como ésta no se puede profundizar en todos los aspectos que definen la personalidad de los biografiados.




No sé si la obra va a tener la difusión que merece, y va a conseguir el objetivo que sería deseable. En los medios sólo he visto hasta el momento un reportaje amplio: la entrevista que “Público” hizo al coordinador del libro. La primera noticia sobre éste, no obstante, fue indirecta: el artículo de Ángel Viñas en “El País” sobre uno de sus biogrados, el coronel Segismundo Casado. Se trata sin embargo de un artículo que ilustra uno de los problemas historiográficos del que este libro al parecer no se libra: que incluso tras más de setenta años es difícil evitar la guerra cainita en el interior del campo republicano. Las polémicas sobre las culpabilidades de cada facción son irreconciliables, y aparecen a poco que se rasque. De hecho, en la propia presentación del libro se reprodujeron estas diferencias de opinión, en la intervención de Jorge Martínez Reverte, que copresentó el acto (y que aparece en la fotografía adjunta, junto con Javier García Fernández), y en el debate posterior. A mí no me parece mal el debate (y de hecho he expresado mi opinión en este mismo blog), pero me parece que a menudo la pasión puede sobre la objetividad, y que no era éste el lugar más adecuado para tratar un tema importante, pero que puede oscurecer el objetivo principal de la obra: recordar a aquéllos a quienes su condición de perdedores les hurtó de ser reconocidos como se merecen, incluso por la institución, el ejército, que tantos sirvieron con lealtad y honestidad.





"Nos vuelven a decir ahora las mismas mentiras del franquismo"
Javier García Fernández presenta '25 militares de la República'.
Íñigo Aduriz 

Que de todas las personalidades que se citan en el libro  25 militares de la República(Ministerio de Defensa, 2011), siete murieran asesinados por los franquistas, 15 en el exilio y sólo tres en España tras años de exilio es, según Javier García Fernández (Madrid, 1949), "una característica muy específica de cómo actuaron los vencedores de la Guerra Civil".

Precisamente esa actuación y 40 años de dictadura condenaron al olvido a los militares que se mantuvieron leales en la defensa del marco democrático de la II República. García Fernández ha reunido sus biografías en un libro en el que han colaborado historiadores de la talla de Ángel Viñas y militares en activo. Sus principales objetivos: desechar "el mito" de unas Fuerzas Armadas que se alzaron en bloque contra la República, y destacar la "profesionalidad" de los oficiales republicanos.

¿Han calculado cuántos militares de la II República se mantuvieron leales al régimen democrático?

Entre oficiales del Ejército, probablemente la mitad no participó en el golpe. Realmente pensábamos, por la propaganda de la dictadura, que el Ejército se había levantado en armas para  salvar  España. Pero en realidad, el golpe de Estado triunfó allí donde tenían habilidad para hacer saltar el golpe. ¿En qué se diferencia Sevilla de Madrid? Pues en que Queipo de Llano fue más audaz o tuvo más inteligencia que Fanjul, que estaba en Madrid, y que como elemento de la sublevación lo hizo muy mal.

¿Por qué se han decidido por estos 25?

Me he decidido yo. Quería hacer un libro de homenaje a los militares profesionales republicanos. Tenemos la imagen de que los militares del Ejército republicano eran unos aficionados. Pero había oficiales profesionales de todos los empleos: de general a teniente.

¿Hubo factores que provocaron que muchos militares republicanos cambiaran de mando?

Hubo un porcentaje de ellos que estaban en la zona republicana, y que se pasaron a la zona rebelde. Pudo ser por pura alineación ideológica, o por situaciones más complejas, como que tuvieran a la familia en el otro lado. Pero tampoco era fácil pasarse de un lado a otro. Algunos fueron leales por convencimiento, otros por comodidad, otros por supervivencia...

¿Hay alguna diferencia de edad entre los oficiales leales y los golpistas?

En materia de generaciones les tocó lo mismo. Cuando Azaña aprueba las leyes de reforma militar y eso posibilita que muchos oficiales se retiraran de las Fuerzas Armadas hubo promociones de todas las edades que se retiraron. Sí se puede decir que, entre la élite golpista, el pequeño grupo de oficiales que prepararon el golpe eran comandantes, generales y coroneles, es decir, jefes. Pero los hubo a favor y en contra de la rebelión de todas las edades.

¿La lealtad tuvo que ver con la ideología o se debió más al respeto a la soberanía nacional?

Fue por su respeto a la legalidad. De estos 25 militares, ¿cuántos en el 36 estaban afiliados a partidos políticos de izquierdas? Muy pocos, cuatro o cinco. Algunos de ellos, sobre todo en el empleo de generales, se podían considerar conservadores o incluso muy católicos, como el general Aranguren, el general Escobar o el propio general Rojo. Había otros que habían ido evolucionando, como el general Martínez Cabrera, que se fue aproximando del conservadurismo a un centro izquierda. Pero no más allá. Aceptaron el régimen establecido.

Ha hablado de la profesionalidad de los militares republicanos. ¿Qué ocurrió para que finalmente perdieran la Guerra Civil?

Muchas cosas. Un elemento central fue la ayuda en material, armamento y personal que las potencias fascistas, Alemania e Italia, dieron a los rebeldes. También la no ayuda que Francia y Reino Unido dieron a la República. Si triunfaron los golpistas fue porque pudieron consolidar aparatos de guerra muy potentes. Estaban en mejores condiciones que el Ejército republicano, que fue desestructurado. Además, aunque es verdad que en el Ejército republicano hubo una represión que desde el punto de vista de hoy en día nos repugna, esa no fue la represión sistemática y fría del bando golpista.

¿Ha habido un reconocimiento suficiente a los militares republicanos por parte de la democracia?

Durante mucho tiempo, hasta mediados los noventa, no se planteaba nada. Después, por parte de las fuerzas más conservadoras ha habido un movimiento para legitimar a los rebeldes y para poner en cuestión al bando republicano, que era el que representaba la democracia. Eso ha provocado que en un momento hayan proliferado historiadores y pseudohistoriadores que han tratado y están tratado de rehabilitar a los rebeldes con los mismos argumentos y las mismas zafiedades que hacía la biografía de finales de la guerra. Las mismas patrañas, las mismas mentiras que decían los historiadores franquistas del 39, otra vez nos las vuelven a decir. Y era necesario decir que había gente de orden que trataban de mantener el orden de la República, que era un régimen democrático.

¿No le acusarán de reabrir viejas heridas?

Las heridas se provocaron durante la guerra y después de la guerra. Si alguien en España no ha querido reconciliarse es el franquismo y la derecha que ha estado con el franquismo. Ya no se trata de juzgar a los buenos y a los malos. Simplemente de que la gente tenga la información. No de hacer juicios morales, eso le corresponde a cada uno.

Muchos militares fueron fusilados o tuvieron que exiliarse. ¿Tienen derecho sus familias a la indemnización?

En el año 77 algunos hijos sí recibieron pensiones o indemnizaciones. Y es que la represión franquista duró tanto tiempo que en algunos casos no sólo mataba sino que arruinaba a la gente.






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