miércoles, 12 de febrero de 2014

695.- El caso Gürtel ( VII ) (VIII ) ( IX )


                                                                                                                                           Amanda Espuela



El caso Gürtel ( VII ) 


El reino de ‘El Albondiguilla’ y sus afanosos colaboradores

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 10 FEB 2014 - ElPaís

Boadilla del Monte es un municipio de 50.000 habitantes al oeste de Madrid. No son muchos, pero eran menos hace muy poco: 20.000 en 2000. Producto del boom inmobiliario de la primera década del siglo XX, sus muchas zonas residenciales se han multiplicado. Como los grandes banderones de España que señalan algunas de las también muchas rotondas —carísimas, cobraba Gürtel— que jalonan la entrada al pueblo. Sus dos calles más principales se llaman —todavía hoy— Avenida del Generalísimo y calle de José Antonio. Las dos, según los informes, se acondicionaron con pagos a Gürtel. Gracioso. Además de bonitos bloques residenciales y agradables urbanizaciones, también se puede contemplar el cadáver de una Ciudad del Deporte que iba a ser y que nunca fue. Un dineral: 30,5 millones de euros. Gürtel, en el meollo.

Hoy gobierna Antonio González Terol, joven integrante del ala más ultraliberal del PP, el llamado Tea Party. Los dos anteriores —Juan Siguero, 2009-2011, y Arturo González Panero, 1999-2009— tuvieron que dimitir por su imputación en la Gürtel. No fueron los únicos. Los máximos responsables de la Empresa Municipal de la Vivienda, ese invento para hacer más cómodo el trapicheo, siguieron el mismo camino. Al primero, ya le conocemos: Alfonso Bosch. Al otro lo hacemos hoy: César Tomás Martín Morales, personaje renacentista que tan pronto hace el egipcio para recibir el sobre correspondiente, que escribe un libro de 254 páginas: Ser empresario: secretos para convertirse en un empresario de éxito en el siglo XXI. Y tiene otro más reciente, El divorcio, hoy.

Pero por favor, que nadie le quite la corona de laurel a Arturo González Panero, de sobrenombre El Albondiguilla. Es, quizá, uno de los personajes más maltratados por Correa en esas conversaciones que grabó Peñas. Allí cuenta que tiene un vídeo en el que se ve a Panero contando mucho dinero en una mesa, y que le chantajea —a pelo, para qué disimular— con enseñarlo si no cumple con sus obligaciones. Que son sencillas: enriquecer a Correa y sus cómplices, empresarios como José Luis Ulibarri incluidos, tan querido por la trama, (ver recuadro) y quedarse él mismo “con una pasta”. O sea: un trabajo fácil.

Y como premio, los locales

En Boadilla la red logró, como poco, dicen los investigadores, unos 70 millones de euros. Y eso, seguramente, si el cálculo se hace solo sobre el costo de las parcelas y no sobre el precio final, pisos o chalés incluidos en aquella época de bonanza. Un ejemplo, Panero sacó a concurso en 2005 “el derecho de superficie” de tres parcelas. Se construirían 33 locales y 178 garajes en la Avenida Siglo XXI, la mejor zona de Boadilla. El premio recayó —en una adjudicación que la oposición tachó de vergonzosa— en la empresa Rústicas MBS S.L., que luego se las pasaría a Artas Consultoría. Las dos empresas están inscritas a nombre de Ramón Blanco Balín, a quien ya hemos visto en el capítulo quinto. Esta empresa gestionaría los locales y los garajes, por un canon que pagaría al Ayuntamiento de 81.344 euros anuales. Da la casualidad de que ese importe se había fijado anteriormente en 320.000 euros. Pero la generosidad del gerente de la EMV, Alfonso Bosch, no solo rebajó la cifra hasta una cuarta parte, sino que alargó la concesión de 75 a 99 años. ¿Chollo? Quiso el destino que fuera la Caja Madrid de Miguel Blesa la que concediera a Blanco Balín -además- los créditos, de 5,9 millones y 800.000 euros, para hacer frente a la adjudicación. Los técnicos de Caja Madrid se quedaron estupefactos ante la bonanza de la operación, porque según sus cálculos se podrían sacar unos "115.000 euros mensuales", 1,3 millones de euros al año, cuando habíamos quedado que al Ayuntamiento solo se le pagaba 81.000. Y si la cosa se hubiera mantenido durante los 99 años del contrato, los beneficios hubieran llegado, en una cuenta poco sofisticada, a unos 130 millones de euros. O sea, que sí era un chollo. Aquella Artas Consultores del principio se había constituido el 22 de septiembre de 2005 con un capital social de 60.120 euros en 120 acciones, repartidas entre sociedades de Ramón Blanco Balín, el testaferro de Correa. Al día siguiente, con contratos privados, un 25% de esas acciones van a parar a Alfonso Bosch y un 20% a Martín Morales. Bingo.

Ejemplo: la varada Ciudad del Deporte se le adjudicó a Construcciones Hispánicas, de Alfonso García Pozuelo. Quizá les suene el nombre. Por tres cosas: es uno de los donantes que figuran en los papeles de Bárcenas, con nueve entregas que suman 258.161,94 euros. Segundo: porque en 2010 pagó 20 millones a Hacienda para enjugar sus delitos fiscales con la trama, una heroicidad desconocida, y porque en el sumario Gürtel se le adjudican unos pagos a Correa de 4.192.000 euros. Aquella adjudicación tuvo lo suyo porque se hizo, sin motivo alguno, por el trámite de urgencia, lo que permitía saltarse obligaciones molestas. Se dice en los informes policiales, que curiosamente, unos 15 días después de adjudicarse el contrato, Tomás Martín Morales, el encargado de la EMV, recibía 660.000 euros en tres ingresos diferentes en su cuenta. En la primera de las entregas se puede leer “albondiguilla”, y ya sabemos de quién hablaban.

Pero no crean que todo es de mesa camilla, porque los policías, a instancias del juez Pedreira, también descubrieron que González Panero y su exesposa (Elena Villarroya) tenían una sociedad en Suiza, Longgridge Internacional, con una cuenta en el Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC-Private Bank Suisse). También aparece otra sociedad panameña, Itelsa Development Group Corporation, con cuenta en el mismo banco. El fiscal mantiene que González Panero desvió fondos a Suiza, Panamá, Miami, Portugal y Marruecos.

No están claras las inversiones en Miami, pero sí sus viajes. El 18 de abril de 2002 Panero viajó con Correa y el entonces concejal José Galeote, también imputado. Allí se unió al grupo otro amigo, Francisco Sánchez, que luego sería concejal de Sanidad e Higiene de Boadilla en 2007. Sánchez afirmó ante el juez que Panero alardeaba de “comprar en Miami y tener muchas propiedades”. En julio de 2003 Panero volvió a viajar a Miami con Correa. Informe de la UDEF, 8 junio 2009. Todos los aquí citados fueron debidamente recompensados por Correa. El juez Ruz cree que César Tomás Martín Morales, consejero delegado de la Empresa Municipal de Vivienda, obtuvo 600.000 euros; Alfonso Bosch, 250.000 euros y el exedil José Galeote, medio millón. No está mal, pero ninguno como Panero.

La parcela, el yate... y Aznar

Una buena muestra de cómo trabajaba la trama en Boadilla la encontramos en la adjudicación de una parcela para construir 139 viviendas, más 340 aparcamientos, piscinas y pistas de pádel, en octubre de 2005. Habitat ofertó 39.100.000 euros; Alcosto, 39.040.000; y UFC, SL, una filial de Begar, la inmobiliaria del constructor José Luis Ulibarri, 35.080.000. La adjudicación fue para Ulibarri, con el argumento de que era la oferta que hacía la obra en menos tiempo: 12 meses. Por supuesto que no lo cumplió, pero ésta es una de las muchas triquiñuelas habituales en los concursos. Al cabo de los meses, y con cualquier disculpa, el Ayuntamiento amigo/comprado acuerda una ampliación del presupuesto —en ocasiones supera la oferta más cara— pero ya sin necesidad de concurso ni otras indeseadas legalidades.

A Ulibarri —un empresario potente, propietario del Grupo Begar, de gran arraigo en Castilla y León, pero con multitud de empresas en toda España— y Correa les unía una entrañable amistad. No solo asumió las obras en su chalé de Ibiza, sino que el constructor abonó ocho facturas falsas para elevar el precio de un yate del jefe de la Gürtel, para llegar hasta los 420.000 euros. Ya se contaba en el pen drive de J.L. Izquierdo. En breve: en la operación participaron 10 empresas: cinco por parte de Ulibarri (Peñalba, Begar SA, Begar Construcciones y Contratas, Conseil Cabinet y Seralia) y cinco en nombre de la trama (TCM, Easy Concept, Good and Better, Rialgreen y Pasadena). Todas las facturas por servicios prestados entre ellas, como entenderán, más falsas que un euro de madera.

Pero José Luis Ulibarri sigue siendo uno de los nuestros para el PP. Hace apenas dos meses, el 18 de diciembre, José María Aznar era la estrella de unos actos organizados por el Diario de Soria que preside Ulibarri, propietario también de un pequeño imperio mediático. En la foto que ellos mismos ofrecieron, se ve a un Aznar bien contento de lucir larga bufanda y compartir espacio con el imputado en la Gürtel. Conste que hace años Ulibarri también apretaba con fuerza la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, de quien constan en la hemeroteca grandes elogios del empresario. Cierto que era antes de conocerse sus quebrantos judiciales y su conexión con Gürtel. Aznar los conocía y no parecían molestarle.

Lástima que Soria no tenga mar, porque se podían haber dado un paseíto en el yate, si es que Ulibarri lo conserva…

Porque Correa tendría en un puño a González Panero, pero El Albondiguilla no se conformaba con poquita cosa. Si se calcula que en dinero contante y sonante pudo recibir más de una entrega de 300.000 euros, en regalos tampoco estuvo mal servido. En el informe de la UDEF de junio de 2009, se detallan con labor de filtiré los numerosos obsequios. Solo en viajes costó más de 25.000 euros. Y en los hoteles, además, comía como un señor. En el esplendoroso hotel Mandarín de Miami, se liquidó 4.000 euros en tres días. En los más de 25.000 no está incluido el viaje de novios del hermano de Panero a las islas griegas, que se puso en 4.517 euros. Todo un detalle de la trama.

Decía Correa que Panero era de esos alcaldes que no saben vestir y le puso en suertes a su propio sastre. Nunca lo hiciera porque El Albondiguilla le cogió el gusto al pespunte de Rafael Caballero. Panero encargaba y Felisa Jordán se encargaba de que los pagos se ocultaran debidamente con facturas falseadas. En trajes y otras prendas, la broma superó los 10.000 euros. Súmense zapatos de Casa Exerez, 1.300 euros. También quería ver bien la tele. Sin problemas: se le compró un aparato de 4.000 euros, que ya es pantalla de plasma.




El caso Gürtel (VIII ) 


Majadahonda, el inicio del fin

Francisco Correa llegó a tener un control casi absoluto del Ayuntamiento
Logró, entre otras cosas, que su entonces esposa, Carmen Rodríguez Quijano, fuera contratada como jefa de gabinete del alcalde, Guillermo Ortega, Willy, un buen amigo


JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 11 FEB 2014 - ElPaís

Majadahonda, 30.000 habitantes en 1990, 70.000 en 2013, es la madre de todas las poblaciones que pululan entrelíneas en el caso Gürtel. Hablamos de Guillermo Ortega, conocido en la elegante nomenclatura de Francisco Correa como Willy, El Rata o La Rata, alcalde de Majadahonda desde 2001 a 2005, imputado en el caso Gürtel por los delitos de cohecho, fraude fiscal o blanqueo de capitales. En unos pocos párrafos veremos sus hazañas, pero conviene echar un poco atrás la moviola, porque no hay hijo sin padre ni nieto sin abuelo. Como dice Manuel Fort, concejal del PSOE durante 11 años en Majadahonda, "aquí llevaba años utilizándose el urbanismo y el dinero procedente del urbanismo indebidamente y produciendo pingües beneficios a muchas personas, y no solo a los promotores. Y seguramente después de la trama Gürtel ha seguido y seguirá". Porque Majadahonda es territorio amigo. Allí también hacía sus negocios con la trama el socio y amigo de Agag, Jacobo Gordon. En una de sus promociones de lujo, Twain Jones, que aparece varias veces en la causa, vivieron algún tiempo los consuegros de Aznar. Y del PP de Majadahonda era concejal José Luis Peñas, del que ya hemos conocido su papel protagonista en la denuncia de este aquelarre.

Ricardo Romero de Tejada, nombre que aparece una y otra vez en las hemerotecas de la crónica negra de la Comunidad de Madrid, fue alcalde de Majadahonda desde 1989 hasta 2001, año en el que decidió dedicarse de lleno a la secretaría regional del PP, cargo que ya ocupaba desde 1996 debido a sus muchas gracias, aunque algunas gentes maliciosas dicen que también por sus muchas capacidades para la colecta de pesetas y euros. Hombre modesto, dejó que le pagara durante años las cuotas a la Seguridad Social una empresa de fotocopias propiedad de unos hermanos, los Sánchez-Lázaro, que tenían algunos intereses inmobiliarios. Cuando aquella vergüenza salió a la luz, nadie se ruborizó y la dirección de Génova, en lugar de montar en cólera, optó por la magnanimidad, dio un paso adelante y dijo que no hay problema, pagamos nosotros, que mucho le debemos. Curioso este Romero de Tejada, nombre que te tropiezas a cada poco si quieres investigar aquel sancocho infame que fue el tamayazo de 2003.

Grosso modo, los inicios de las relaciones entre el ayer y el hoy de los gatuperios majariegos pueden resumirse -o así lo hacen quienes conocen el paño- en una guerra entre los más ortodoxos del PP -Romero de Tejada y Narciso de Foxá, recaudación de recorrido in situ/Comunidad/Génova-, y los modernos que aparecen en el lugar, recaudación in situ, también, pero reparto a dos manos entre Ortega y Correa, que para llevárselo otros aquí estamos nosotros, la savia nueva del PP criada a los pechos del aznarismo. Romero de Tejada ya había creado su empresa para manejar el suelo, Pammasa, al margen de las odiosas obligaciones legales. Al frente situó a su hombre de confianza, el concejal Narciso de Foxá, que al final se quedó con el santo y la limosna: hoy, tantos años después, sigue siendo el alcalde de la localidad. La bronca clave data de los primeros años 2000, cuando sale Romero de Tejada de la alcaldía y deja a Ortega como alcalde, que parecía poca cosa, para reservar a Foxá en su sitio clave al mando del urbanismo y la compra-venta de suelo. Y de aquellas tierras, estos barros, porque resulta que Ortega, que no parecía un peligro para el estatus quo, salió como salió.

Para hacerlo breve, aunque no es fácil, Pammasa jugaba con los derechos para hacer vivienda protegida y se los cambiaba a los promotores para hacer vivienda libre en las parcelas que se sacaban a concurso, con denominaciones tales como RN1 o D2. Lo que la oposición socialista llamó "el permutazo". Y es que si una vivienda protegida -hablamos de los tiempos del ladrillazo- valía 180.000 euros, una libre podía costar 600.000. Calculen ustedes a cuánto ascendía el premio gordo de hacerte en pleno boom inmobiliario con alguno de aquellos chollos. 250 de estos derechos de pública a privada, traducidos en 250 pisos de lujo, por ejemplo, significaba una muy significativa cifra de cien millones de euros. Así que trucar o influir en alguno de esos concursos era una pelea a muerte entre las constructoras y sus protectores. Afar 4, propiedad de Antonio Cubo, era la empresa que lograba más obra en Majadahonda mientras Romero de Tejada y Foxá promovían los concursos para llevar a cabo los "permutazos". Pero a Ortega -a Correa, en realidad- no le gustaba nada que se le birlara esa parte del pastel. En la denuncia ante la fiscalía está grabada esta frase de Ortega con su grupo municipal: "No voy a aceptar que el arquitecto municipal cambie su informe de la parcela para que se la lleve Afar 4. Lo siento en el alma, pero no lo voy a aceptar". Y es que Correa ya había presentado a varias empresas suyas para hacerse con el botín.

Por este tipo de operaciones se montó un escándalo -una primera permuta en 2000, y otra en 2003- por el que se tiraron de los pelos Foxá, el hombre del PP más vertebrado, y Guillermo Ortega, a quien cuidaba con primor Francisco Correa. Tanto que la esposa de este último, Carmen Rodríguez Quijano, conocida por el sobrenombre de la Barbie, ya se había convertido, ni más ni menos, que en la jefa de gabinete de Willy, El Rata o "cerebro de mosquito" como se le oye decir al gran capo en las grabaciones de Peñas, para guiar al alcalde hasta cotas ni tan siquiera soñadas por el simpático Willy. Como tener, por ejemplo, alguna cuenta en Suiza, en la que figuraba como beneficiario de una sociedad radicada en la isla caribeña de Nevis, un paraíso fiscal de lo más acogedor.

O a recibir, por sus muchos favores a la trama, algunas prebendas que se detallan en los autos. Carpinteros que cobran por facturas falsas al Ayuntamiento pero que en realidad, bajo las expertas señas de la esposa de Ortega, Gema Matamoros, confeccionaron un hermoso mueble de comedor a medida y con armero para su domicilio familiar. En 10 años, junto con su mujer, llegó a tener 39 vehículos y para que no le resultaran muy onerosos, chequeras de gasolina. Más de 40 viajes y estancias -suyos y de sus familiares, incluso de su servicio doméstico- en hoteles de superlujo de España y varios países, además de algunos cruceros. Trajes, también trajes, y bolsos de Loewe para la señora, abonos de tenis y fútbol… Y hay, también, entregas en mano de cientos de miles de euros que ayudarían para el pago del piso de lujo que se compró en la misma Majadahonda.

Y relojes, muchos relojes. Porque según contó al juez uno de los ex concejales díscolos de Majadahonda, Juan José Moreno, Guillermo Ortega "era un apasionado de los relojes, un apasionado no, un descerebrado", puntualiza Moreno, que llegó a tener "un armario en su casa absolutamente bestial" lleno de relojes. Hay constancia de que Willy compró en la joyería Suárez relojes por un valor superior al millón de euros, entre ellos varios Panerai y algunos Hublot. Un albarán señala, comprados de un golpe, tres cronógrafos suizos por 23.000 euros.

Aquella guerra de las parcelas culminó con la destitución de Ortega, en una operación en la que tuvo que intervenir la mismísima Esperanza Aguirre. Generosa, halló la solución: Foxá amarra Pammasa, la madre del cordero, junto con la alcaldía, y a Guillermo Ortega, pobrecillo que no se nos quede sin nada, le nombra gerente del Mercado Puerta de Toledo, con un sueldo superior al de alcalde. Como ven, un castigo ejemplar de la lideresa, siempre tan firme en la lucha contra la corrupción.



El caso Gürtel  ( IX )

Una visita del Papa provechosa para el alma y muchos bolsillos

Camps abrió a El Bigotes todas las puertas de las consejerías valencianas
Consecuencia: hay seis causas abiertas. Hoy, Benedicto XVI y el gran pelotazo de Fitur

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 12 FEB 2014 - ELPaís

No podía haber mejor fiesta gozosa para las muy piadosas autoridades de la Comunidad Valenciana que la visita de un Papa, en este caso Benedicto XVI. Aquellos días, 8 y 9 de julio de 2006, debían ser para el equipo de Francisco Camps la demostración ante el universo entero del poderío que entonces inundaba de doblones las bodegas de la nave levantina. Para controlar que no estuviera fuera de su sitio ni una sola hoja de los árboles del camino se creó, a pachas entre Generalitat, Ayuntamiento, Diputación y Arzobispado la Fundación V Encuentro Mundial de las Familias. ¿Será por dinero?, se decían manilargos unos consejeros a otros, mientras Camps —El Curita, le decían en la trama— sonreía beatíficamente y se lanzaba requiebros telefónicos con un señor muy divertido al que le llamaban El Bigotes. El mundo era suyo, la comunidad era suya y los contratos eran suyos. ¿Un Calatrava? Tres, cuatro, cinco. Los que hicieran falta. ¿Avenidas? A decenas. ¿Aeropuertos? Como el de Castellón. A quien menos le molestaba la prodigalidad era a Álvaro Pérez, El Bigotes, que mejor estar donde hay mucho.

Y de muestra, tres eran tres

Los métodos de Gürtel fueron variados, como ya hemos ido viendo. En Valencia hay muestras notables. Por ejemplo, cómo lograr la adjudicación 138.678 euros— de la campaña publicitaria de la sociedad pública Vaersa, dedicada al aprovechamiento energético de residuos. Se trataba de sensibilizar al respetable sobre el uso del contenedor amarillo. De nuevo el concurso, como tantos que hemos visto en esta serie, se hizo mediante un procedimiento negociado y sin publicidad.

Se invita a tres empresas, tres. Concurrencia y transparencia, pues. Porque quién iba a saber que el administrador único de las tres, Orange Market, Easy Concept Comunication y Boomerangdrive, era el mismo: Luis Miguel Pérez. Y las tres, ya lo hemos visto antes, eran unas de las muchas que se integraban en el tinglado de Correa, Álvaro Pérez y Pablo Crespo. Por si les pica la curiosidad, la campaña, tras dura competencia con las otras dos, se la adjudicó Orange Market.

Y esto fue lo que declaró ante el juez, en julio de 2013, el que fuera director del gabinete jurídico de la empresa pública Vaersa (Valenciana de Aprovechamiento Energético de Residuos, SA), Joaquín Fernando Tomás Font de Mora, ante la evidencia del desaguisado: la orden “venía de arriba”, y se había urgido “a la mesa de contratación a adjudicar el contrato incluso obviando los procedimientos”. Y tanto que se obviaron, como señaló la Sindicatura de Comptes en febrero de 2013.

Tanta felicidad a punto estuvieron de ensombrecerla unos infortunados pasajeros del metro valenciano, cuando tres días antes de la llegada del Papa, a las 13.03 horas del 3 de julio, un tren descarriló en una curva cercana a la estación de Jesús. 47 muertos y 43 heridos, muchos de ellos lanzados a través de unas ventanas sin refuerzo y que fueron aplastados por el vagón que se deslizó durante muchos metros sobre su lateral. La orden fue tajante: Canal 9, la televisión de la comunidad, debía silenciar lo más posible ese desgraciado accidente y, desde luego, no alterar ni un ápice la programación, ya dedicada en cuerpo y alma —sobre todo alma— al recibimiento al Papa. Tal cual lo hizo, ante la parálisis de una plantilla inmunizada frente a las injusticias. Así que el muy atareado Juan Cotino, el hombre más religioso de cuantos hombres —y mujeres— religiosos andaban por la Generalitat, y que llevaba meses desviviéndose en la Fundación y fuera de ella para que nada faltara en tan señalada visita, fue el encargado de silenciar a las víctimas, ofreciéndoles alguna dádiva si la protesta se anestesiaba porque nada podía enturbiar aquellos días gloriosos. Gran labor misericordiosa la suya, sin duda, porque era tiempo de gozos, y no de sollozos.

Meses antes, esa misma televisión que compitió en indignidad con el equipo de Camps, ya se había encargado de que todo estuviera dispuesto para reforzar hasta la hipérbole aquella visita. Por lo pronto, la Generalitat ya había dejado bien claro a Moncloa que no querían ver en kilómetros a la redonda a nadie de TVE, que era, y es, quien acostumbra a cubrir, por medios y experiencia, las visitas de los primeros mandatarios mundiales, como son los Papas. Una de las personas que entonces —mes de abril— se entrevistaron con las autoridades civiles y con el propio arzobispo valenciano, detectó rápidamente el rechazo político, ideológico… y económico. “Allí se les veía que les sobraba el dinero”. El cierre lo puso Esteban González Pons, a la sazón consejero y portavoz del Gobierno valenciano. “Doy por clausurada esta reunión”, les dijo de malos modos. Fuera. Esto es nuestro.

Y tan suyo que era. Además de los muchos millones que le costó a Canal 9 la retransmisión -13, se calcula, y ya conocen su triste final— sus directivos recibieron el encargo de llenar de pantallas la ciudad para que los 1,5 millones de fieles que se esperaba que acudieran a Valencia pudieran seguir al detalle la misa que se iba a retransmitir desde el marco incomparable que formaba el conjunto de Calatravas en el cauce del río, más bonito que un San Luis. El encargo fue recogido por un dispuestísimo director general de la Ràdio Televisió Valenciana, Pedro García Gimeno, que, sorpresas nos da la vida, era íntimo amigo de Francisco Correa y de El Bigotes.

Y como entre colegas todo se hace más sencillo, enseguida hubo acuerdo. García autoriza —ojo con las fechas— que la contratación se negociara por motivos de urgencia “con precio libre” y “sin publicidad”. El mejor territorio, como sabemos, para las habilidades de la trama. Tras un aberrante concursillo, el 8 de mayo —ojo con las fechas— se produce la adjudicación para el complejo montaje técnico. Quiso el destino —y la trama Correa— que el premio recayera en la empresa Teconsa, la empresa constructora de nuestro conocido José Luis Ulibarri, que no tenía ni la menor idea de cómo se montaban tales dispositivos porque jamás había hecho algo ni siquiera parecido. Pero eso sí, era “la más cara y desaforada”, según uno de los conocedores del concurso, con un presupuesto de 7.493.600 euros. Sin problemas porque el adjudicatario real, Gürtel, tenía todo previsto: el montaje lo harían otras empresas, que sí tenían los conocimientos y los medios necesarios, sobre todo Sirius Showequipment, que cobró 3.654.000, IVA incluido, una subcontrata alemana que ya había hecho esa labor en el viaje de Benedicto XVI a Colonia en 2005 y que el Vaticano —aquí todos tienen amigos— ya se había encargado de recomendar. Hay, también, participación de otras empresas con importes menores que sí hicieron trabajos, como Apogee o Impacto Producciones, pero asoman otras como Castaño Corporate y Free Consulting, empresas de la trama y tapadera para generar facturas falsas. En Castaño, compraventa de inmuebles, aparecían por sus escrituras Jacobo Gordon, Blanco Balín o el propio Crespo.

Pero veamos algunos detalles para entender ese concurso que Pedro García tuvo la desfachatez de convocar. Primero, las fechas. Alegar urgencia tenía lo suyo, porque la visita papal ya se conocía desde mucho antes, como es natural. El sumario recoge una carta del 17 de enero de 2006 de la empresa Apogee Telecomunicaciones SA, una de las subcontratas, a Teconsa para estudiar “documentación y cifras” sobre el proyecto de Valencia. ¡Cuatro meses antes del concurso! Y el 1 de febrero hace lo propio otra subcontrata, Impacto Producciones, a la que había pedido ayuda Apogee. Pero es que un conocido experto en este tipo de instalaciones, Miguel Torroja, declaró al juez Ruz que en febrero de 2006 fue contratado para el diseño del montaje por Pablo Crespo y que entonces ya sabía que Teconsa era la tapadera, porque la adjudicación era en realidad para Special Events. Él, por lo pronto, trataba los detalles con Crespo y, a veces, Álvaro Pérez.

Las fechas también fueron refrendadas ante Ruz, entre otros, por Luis Sabater, el jefe del departamento técnico, que declaró que ya en febrero, tres meses antes del concurso, el director de Canal 9, Pedro García, le dio el teléfono de El Bigotes para que se encargara de la sonorización del acto. Contó, también, que le llevó a ver a Cotino y que posteriormente le presentó a Torroja. Todo ello antes, claro está, de que se fallara el fantasmal concurso, con ganador decidido de antemano. “Esconde el contrato”, le decían los jefes a una empleada.

Resultado del amaño según recoge un informe de la Policía Judicial del 25 de noviembre de 2009 de contabilidad de la trama: Gürtel se embolsó 2.830.000 de los 7,4 millones de euros de la adjudicación. Reparto: 1,4 millones para Francisco Correa, que para eso es el capo; 630.000 para su número dos, Pablo Crespo. A El Bigotes le cayó medio millón, lo mismo que a Pedro García, el director general de la RTVV. Para Teconsa se fueron 200.000 euros, y el resto, 600.000, se los quedó un receptor inidentificado que aparece bajo la letra R. Los investigadores han apostado por Ramón Blanco Balín, aunque sin poder confirmarlo. Cinco años después, el juez José Ceres decretó un nuevo secreto del sumario, que acaba de levantar, porque ha habido nuevos testigos y nuevas declaraciones provenientes de un funcionarios de Canal 9 y de un extrabajador de Orange Market, que han decidido hablar.

Y no hace demasiado tiempo, la Generalitat tuvo que inyectar dos millones para la Fundación V Encuentro Mundial de la Familia, aquel organismo cuatripartito y de cuentas opacas que nació en 2006 para un sueño que acabó en fiasco: del millón y medio o dos millones de peregrinos previstos, apenas si se alcanzaron los 250.000, y de las 500.000 mochilas conmemorativas todavía se ven por la ciudad los restos de 200.000 de ellas que se quedaron sin piadosa espalda portadora.






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