martes, 21 de octubre de 2014

824.- Benedicto XVI se negó a participar en un complot contra el papa Francisco


El papa emérito, Joseph Ratzinger y el actual pontífice, Jorge Bergoglio, se saludan. /EFE





Benedicto XVI se negó a participar 
en un complot contra el papa Francisco

El papa emérito rechazó las presiones del lobby ultra del Vaticano para frenar las reformas del actual pontífice

Un grupo de cardenales conservadores pidió a Benedicto XVI que se opusiera a la apertura de Francisco a los gays, divorciados y parejas de hecho

"Yo no soy el papa, no se dirijan a mí", contestó Ratzinger, quien después informó de estas intrigas a Bergoglio

Jesús Bastante

20/10/2014


"Yo no soy el papa, no se dirijan a mí". Esta fue la respuesta del pontífice emérito, Joseph Ratzinger, cuando la pasada semana media docena de cardenales del sector más ultraconservador de la Iglesia romana visitaron a Benedicto XVI. 

Le pedían que alzara la voz contra las posturas "cismáticas" del papa Francisco sobre la apertura de la Iglesia a los gays, los divorciados y las parejas no conyugales.

La escena, que responde a los cánones clásicos de las intrigas vaticanas, se produjo en el interior del monasterio Mater Ecclesiae, entre los muros del Vaticano, donde reside el papa emérito desde que hace un año y medio decidiera renunciar a su cargo por primera vez en la historia de la Iglesia moderna, y donde se dedica a la escritura, la oración y a recibir a contadas visitas.

Según informaba el domingo el diario italiano La Repubblica, un grupo de cardenales pidió audiencia con el papa emérito. Algunas fuentes han apuntado a eldiario.es que, entre ellos, podrían estar el prefecto de Doctrina de la Fe, Gerhard Müller; el cardenal Raymond Burke (posiblemente, el que con más fuerza ha criticado a Bergoglio); y el otrora responsable de la Legión de Cristo, Velasio de Paolis.

Tras preguntar por su salud, los purpurados comenzaron a hablar de su malestar ante el rumbo "progresista" que estaba tomando el Sínodo de Obispos sobre la familia, donde por primera vez se ha hablado con libertad de la posibilidad de volver a conceder la comunión a los divorciados vueltos a casar, avalar las convivencias  ad experimentum (antes del matrimonio), reconocer los aspectos positivos de las parejas no matrimoniales o, incluso, acoger en su seno a los homosexuales.

Uno de los cardenales se atrevió a pedir a Benedicto XVI que se posicionara públicamente contra esta apertura, lo que supondría un cisma de facto, con un papa yendo en contra de otro papa. Una situación que no se ha dado desde el Cisma de Occidente. En ese momento, Ratzinger rechazó con firmeza las presiones de los conservadores, y les despidió, nos cuentan, con rapidez. "Yo no soy el papa, no se dirijan a mí".

Acto seguido, y a través de su secretario personal –también secretario de la Casa Pontificia, y encargado de la agenda del nuevo Papa –Benedicto XVI hizo llegar un mensaje a Francisco informándole del complot urdido en su contra y poniéndose a su disposición. Cabe señalar que, aunque Ratzinger y Bergoglio no comparten el mismo modelo de Iglesia –el emérito es mucho más conservador que el actual pontífice–, mantienen una relación muy cercana, hasta el punto de que Francisco consulta con Benedicto XVI algunas de las decisiones más difíciles.

"Cuando habla Benedicto XVI, siempre es para apoyar a Francisco", destacaron unos "atentos observadores" citados por La Repubblica. En contrapartida, Bergoglio trata a su antecesor con respeto y afecto, como pudo comprobarse este domingo, durante la beatificación de Pablo VI, cuando Francisco se saltó el protocolo para abrazar, antes y después de la ceremonia, al papa emérito, quien quiso participar en la ceremonia.

Con todo, son muchos los que, todavía hoy, consideran que la elección de Francisco es un fraude y que el auténtico papa continúa siendo Benedicto XVI, pese a su renuncia consciente. Esos mismos, minoría en retirada –como se pudo ver en las votaciones del Sínodo, apenas llegan a un tercio de los padres sinodales–, están dispuestos a todo para evitar cualquier apertura en la Iglesia. Aun a riesgo de un cisma. Y utilizando todos los medios –legítimos o no– que estén a su alcance. Aunque a veces el tiro sale por la culata, como sucedió en el caso de Benedicto XVI. El alemán se niega a que lo utilicen contra su sucesor.




El papa abre la puerta de la Iglesia 
a divorciados, gays y parejas de hecho

Francisco obligó a los obispos a votar punto por punto el documento de trabajo de un histórico sínodo

Todos fueron aprobados por mayoría absoluta y solo tres no lograron los dos tercios de apoyos

La Relatio Synodi será la base sobre la que el año que viene se harán los cambios doctrinales necesarios

El texto abre la puerta a otras formas de familia y sugiere acoger a los homosexuales "con respeto"

Jesús Bastante
18/10/2014 


Un día histórico. El Sínodo de Obispos aprobó la publicación de una Relatio Synodi (documento de trabajo), con una amplia mayoría -los 62 puntos fueron aprobados por mayoría absoluta, y sólo tres no obtuvieron dos tercios-, en el que se acuerda seguir trabajando por el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, se reconocen los "elementos positivos presentes en los matrimonios civiles y, con las debidas diferencias, en las convivencias", y se insta a acoger a los homosexuales "con respeto y delicadeza".

Consciente de la fuerte oposición, Bergoglio dispuso que cada uno de los puntos fueran votados individualmente, y que se publicaran los resultados de todos los escrutinios. Sin llegar a ningún acuerdo final -para ello habrá que esperar a octubre de 2015-, la mayoría moderada, con el apoyo del Papa Francisco -quien pronunció un "discurso maravilloso", en palabras del cardenal Federico Lombardi-, ha logrado mantener en el debate todos y cada uno de los temas que aparecieron el pasado lunes en la relatio postdisceptationem: la denuncia contra la violencia a las mujeres, la cercanía a los que sufren problemas derivados de situaciones familiares (divorcios, rupturas, enfrentamiento con los hijos) y, especialmente, tres cuestiones a debate: la aceptación de otras formas de convivencia no canónicas; el acceso de los divorciados vueltos a casar a los sacramentos; y la acogida a los homosexuales.

Estos tres aspectos generaron, a lo largo de la semana, una furibunda crítica por parte de los sectores ultraconservadores, quienes criticaron -directamente, o a través de sus terminales mediáticas- al Papa Francisco y a sus estrechos colaboradores, especialmente al cardenal Walter Kasper.

El primero de los tres puntos obtuvo un reconocimiento superior a los dos tercios, mientras que la petición del acceso a la comunión de algunos casos de divorciados vueltos a casar tras un "camino penitencial" tuvo el voto favorable de 104 padres sinodales y 74 en contra. La acogida a los homosexuales cosechó 118 votos a favor y 62 en contra.

Un cambio histórico e imparable

Hay puertas que tardan siglos en entreabrirse. Pero que, cuando lo hacen, no se vuelven a cerrar. Esto es lo que ha sucedido durante las dos últimas semanas en el Vaticano, donde 191 obispos han debatido en sínodo extraordinario sobre la actitud de la Iglesia ante los homosexuales, los distintos tipos de matrimonio, las uniones no conyugales, la violencia contra las mujeres o el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar.

En su mensaje al Sínodo, Francisco habló de las dos tentaciones de los obispos: "la rigidez hostil y el bien destructivo", y aclaró que su papel como líder de la Iglesia es "garantizar la unidad". "La Iglesia no mira a la humanidad desde una torre de cristal para juzgar o clasificar a las personas", incidió Francisco, quien también quiso dejar claro que una apertura a otras realidades "no pone en entredicho la verdad fundamental del sacramento del matrimonio: la indisolubilidad". Sus palabras cosecharon una ovación de más de cinco minutos, apuntó Federico Lombardi.

158 padres sinodales aprobaron este mediodía el mensaje final del Sínodo, en el que reconocen la necesidad de que la Iglesia sea "una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie", y donde se plantean, por primera vez en la historia de esta institución, la posibilidad de reconocer la existencia de "nuevas uniones y nuevos matrimonios" fuera del canónico, así como la posibilidad de dar la comunión a los divorciados que vuelven a casarse por lo civil.

El mensaje final, y antes de aprobarse la Relatio final, es un consenso de mínimos al que se ha logrado llevar después de que la minoría ultraconservadora amenazara con abandonar las reuniones si se mantenía el documento de trabajo aprobado el lunes, mucho más progresista de lo esperado y en el que se reconocían "aspectos positivos" en las parejas que no se casaban por la Iglesia y que hablaba de una acogida a las parejas homosexuales.

En los llamados "círculos menores" de esta semana, los ultraconservadores lograron "suavizar" el contenido del mensaje, aunque en la Relatio final sí se hace un hipotético reconocimiento del matrimonio gay. En cualquier caso, el  debate abierto sobre cuestiones fundamentales sigue vivo. Así, y a expensas de lo que pueda suceder de aquí a octubre de 2015, se atisba un cambio histórico en la doctrina.

Un cambio muy estudiado, en el que el papa Francisco está marcando los tiempos de manera precisa. Primero, convocando un sínodo y enviando un cuestionario previo a todos los fieles que quisieron contestar, algo que jamás había ocurrido en la historia de la Iglesia. Después, dejando la introducción al cardenal Kasper, antaño perseguido por defender la comunión a los divorciados o la acogida a los homosexuales y a los distintos tipos de familia. En tercer lugar, invitando al Sínodo a "hablar con total libertad".

El papa ha estado presente en todas las reuniones, sin intervenir, y ha sido testigo de las discusiones -algunas de ellas virulentas- entre los ultraconservadores y los más moderados. Finalmente, ha "obligado" a los padres sinodales a ponerse de acuerdo en un "mínimo común" de temas que serán abordados dentro de un año -esta vez sí, con decisiones definitivas-, y en el que ya se incluyen cambios que se antojan imparables.



El papa Francisco se la juega

¿Cambio o ruptura? El pontífice lanza un órdago a los ultraconservadores convocando un sínodo

El objetivo es debatir sobre divorciados, matrimonios gay, anticonceptivos, aborto, violencia machista o pobreza

Jesús Bastante
04/10/2014 


¿Cambio o ruptura? ¿Revolución o cisma? Francisco se la juega a partir de este domingo, con la celebración de un inédito Sínodo sobre la Familia, en la que obispos, laicos y matrimonios debatirán, sin límites, sobre temas que hasta ahora eran considerados tabú en la Iglesia católica. No ha quedado ningún tema sin tocar: divorciados vueltos a casar, anticonceptivos, matrimonios gay, parejas interreligiosas, aborto, relaciones fuera del matrimonio, violencia doméstica, abusos a menores en el seno de la familia, la inmigración, la globalización, los distintos tipos de pobreza...

"Hay una puerta que hasta ahora estuvo cerrada y el Papa quiere que se abra. El Papa quiere que el pueblo de Dios se exprese y diga lo que piensa", afirma Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo, que por primera vez en la historia reciente de la Iglesia católica ha contado con la opinión de laicos, mujeres y matrimonios, y que también se ha encontrado con una dura contestación por parte de los sectores más radicalmente conservadores, que han llegado a acusar a Francisco de ser un Papa ilegítimo.

Las puertas abiertas del Papa pretenden que entre el aire en la Iglesia, que se cree una nueva conciencia, basada en la misericordia y la apertura, y no en la condena y la persecución de aquellos que no comulgan al cien por cien con la Tradición, y que ha provocado la huida de millones de creyentes que no han visto reflejada su fe en Jesús en la institución vaticana. "No es el Evangelio el que hay que interpretar según el Código de Derecho Canónico sino el Código según el Evangelio de la paz y del perdón", señala a este diario el prestigioso canonista jesuita José María Díaz Moreno.

Y, sin embargo, el órdago lanzado por Francisco no ha sido bien recibido por buena parte de la Curia romana. Los mismos cardenales que, desde el comienzo de su pontificado, han organizado una "silenciosa oposición" a las reformas del Papa, ahora dan la cara y arremeten directamente contra algunos de los puntos más polémicos -y que se van a abordar en el Sínodo-, como la atención a los menores de familias rotas, los matrimonios entre creyentes y no creyentes y, especialmente, el caso de los divorciados vueltos a casar.

Después de que, por encargo de Francisco, el cardenal Kasper hablara de la necesidad de buscar soluciones para permitir que aquellos que han fracasado en su primer matrimonio puedan tener la oportunidad de rehacer su vida y seguir formando parte de la Iglesia a todos los niveles, algunos cardenales han abierto la caja de los truenos. Cinco de ellos, entre los que se cuenta el mismísimo prefecto de Doctrina de la Fe, cardenal Müller, contraatacaron atacando las tesis de Kasper, quien abundó -en un discurso que Francisco alabó públicamente- en que "todo pecado puede ser absuelto, todo pecado puede ser perdonado. También el divorcio".

Algunos han ido más allá. Sectores ultraconservadores en Italia o España han llegado a dudar de la legitimidad de Bergoglio como Papa, aduciendo a una supuesta duplicidad de votos en una de las elecciones del cónclave y, sobre todo, a una "pérdida de legitimidad" por sus actuaciones, desde su decisión de abandonar el Palacio y vivir en Casa Santa Marta hasta su cercanía a los inmigrantes, el hecho de que lavara los pies en Jueves Santo a mujeres, una de ellas musulmanas -el rito exigía que sólo fueran hombres, como los doce Apóstoles-, o se mostrara a favor de una mayor presencia de mujeres en puestos de responsabilidad en la Iglesia.

Los críticos son los mismos que atacan al Papa por ser inflexible contra los curas pederastas, por haber procesado, por primera vez en la historia de la Iglesia, a un arzobispo que abusó de niños, y quienes cuestionan su capacidad porque se arrodilla ante los musulmanes y pide construir juntos una sociedad mejor. No ven con buenos ojos sus palabras al diálogo y por la paz en Siria, Israel, Palestina, Irak, que le han hecho ser uno de los favoritos a recibir este año el Premio Nobel de la Paz, algo que jamás consiguió el Papa de Roma. Son los mismos "lobos" que denunció el Papa Benedicto antes de tener que renunciar.

Francisco también ha declarado que el celibato sacerdotal "no es un dogma de fe", y que, por tanto, se puede discutir. Como la acogida a divorciados, o la participación de todos en el gobierno de la Iglesia. De hecho, la importancia de este Sínodo -más allá de que se tomen unas u otras decisiones en cuanto a la doctrina- es la recuperación de la "sinodalidad" como modo de gobierno. Francisco no es un papa que gobierne a golpe de preceptos -podría hacerlo, y declararse "infalible"-, sino que se ha dotado de un grupo de nueve cardenales que le asesora y ha convocado este Sínodo, en el que participan cardenales, obispos, laicos -y hasta 14 matrimonios-. No podemos soñar con que la Iglesia se convierta en una institución democrática pero sí que al menos escuche y tenga en cuenta la opinión de todos.

Ahora, del 5 al 19 de octubre, el Vaticano abre un período de reflexión y debate, con el objetivo de actualizar su doctrina sobre temas que afectan, y mucho, a millones de fieles en todo el mundo. Y que podrían servir para hacer de la Iglesia católica una institución más accesible, menos oscura y en consonancia con un mundo en cambio. O también para provocar un cisma, si los ultraconservadores continúan poniendo palos en la rueda del carro que, con dificultades, quiere seguir conduciendo Francisco.








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