miércoles, 19 de noviembre de 2014

833.- Asaltacielos


Asaltacielos

Por Moncho Alpuente
19 nov 2014
  
“Padre nuestro que estás en los cielos, quédate allí”… Rezo el padrenuestro de Jacques Prevert y me sumo a sus buenas intenciones cuando escucho a Pablo Iglesias predicar en el ágora con visos proféticos: “Los cielos no se toman por consenso, se toman por asalto”. El arsenal retórico de Podemos exhala, a veces, enrarecidos tópicos de la vieja política. Asaltar los cielos, de momento, sólo está al alcance de sofisticados aunque imperfectos y prescindibles artilugios tecnológicos. De momento basta con asaltar las pantallas. El objetivo se está cumpliendo aunque en la televisión pública, completamente descolocada ante el fenómeno, aparezca una imagen de Pablo con el rótulo: “Pablo Iglesias, secretario general del PSOE” y en la segunda otro que reza: “Pablo Iglesias, secretario general de IU”. (Algo han mejorado hace unos meses una locutora de lo informativos de TVE 1, llamó a Pablo, líder de Pokemon).

Estos cielos simbólicos, que presuntamente habría que asaltar, son patrimonio de una humanidad alienada por las religiones, coto privado de sacerdotes y nigromantes, de líderes mesiánicos y carismáticos que señalan con el dedo futuros paraísos a los que sólo se puede acceder por el camino que ellos marcan. El camino a la Utopía siempre me resultó más interesante que la Utopía misma, que por su definición carece de lugar y que ha de estar en continuo movimiento para no anquilosarse y transformarse en distopía, en otra superestructura agobiante. ¿Dictadura?, Ni la del proletariado. El estalinismo, enfermedad letal del comunismo encerraba a muchos disidentes en hospitales psiquiátricos, tenían que estar locos para disentir, para sentirse infelices siendo huéspedes del Paraíso.

No cuenten conmigo para asaltar los cielos sino, tal vez,  para mejorar esta Tierra dejada de la mano de Dios. Un dios creado, inventado por los hombres a su imagen y semejanza. Dueño y señor de reinos y voluntades. Un dios colérico y misericordioso, sanguinario y pacífico. Dios triple que en sus encarnaciones conjuga el “Ojo por ojo, diente por diente”, con el “amaos los unos a los otros, según convenga a sus exégetas autorizados e inspirados por el volátil y versátil  Espíritu Santo. Los únicos cielos posibles están en los paraísos fiscales, purgatorios donde el dinero se purga y se blanquea divinamente. Menos mal que, según el líder de Podemos, no se toman los cielos por consenso que es mal de muchos y consuelo de todos, cuando negocian el bien con el mal, el resultado es la mediocridad. Ni asaltar los cielos ni conformarse con este limbo en el que quieren mantenernos, a medio camino entre las llamas del infierno y las luces que alumbran al final del túnel. Túnel intemporal que se alarga o se acorta según las necesidades del guión. Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.

Si el dios del poeta Prèvert decidiera seguir su consejo y quedarse en sus dominios celestes como un voyeur privilegiado, podríamos introducir algunas modificaciones en el guión. Los mesías suelen acabar muy mal. Los líderes carismáticos necesitan un pedestal y los pedestales demasiado altos producen vértigo y el incienso de la retórica política marea. El tono de los mítines electoralistas y de los discursos de propaganda  acaba siendo más impostado que espontáneo. Los tópicos difuminan el paisaje de la Utopía. Echo de menos (excusen la nostalgia) la imaginación y el desparpajo de Mayo del 68 y sus paradójicas consignas: “Seamos realistas pidamos lo imposible” porque lo posible ya lo tenemos… Y así nos va.




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