miércoles, 2 de abril de 2014

733.- Garbo, el espía que engañó a Hitler dos veces



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                     Joan Pujol (nombre en clave "Garbo"), cuando trabajaba para el MI5.


Garbo, el espía que engañó a Hitler dos veces

Por: F. Javier Herrero | ElPaís


Un día de invierno de 1944, a menos de seis meses de que llegara el día D, el general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe aliado a cargo de la inminente invasión que liberaría Europa Occidental del régimen nazi, se reunía con Noel Wild, al mando de un sector poco conocido encargado del engaño estratégico, y le hacía esta petición: “Solo te pido que me quites de encima el XV ejército [alemán] los dos primeros días. Nada más”. Dos días necesarios para consolidar las cabezas de playa que debían tomar las primeras divisiones aliadas que desembarcasen en la costa de Normandía. Enfrente se encontraban las fuerzas alemanas, englobadas en los ejércitos 15 y 70, que disponían de 56 divisiones, 10 de ellas Panzer acorazadas y 4 divisiones SS, cubriendo la costa atlántica francesa y belga, principalmente en el sector de Calais.


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Soldados americanos desembarcan en Normandía bajo el fuego de las ametralladoras alemanas. / Reuters

Las fuerzas anglo-americanas recién desembarcadas serían aniquiladas y la guerra se alargaría, con un coste mucho mayor en vidas humanas, si los ejércitos alemanes acudían de manera masiva a defender Normandía. Para mantener a esas tropas alejadas del lugar elegido se diseñó un plan de desinformación militar estratégica de dimensiones hasta ese momento desconocidas que recibió el nombre de Operación Fortitude (Fortaleza). Este plan contaba con el despliegue de un ejército fantasma que desembarcaría en Calais y un minucioso trabajo de espías y agentes dobles y, de todos ellos, el que jugó un papel más decisivo fue un español llamado Juan Pujol, conocido en clave como Garbo, que fue capaz de ganarse la confianza total de los servicios de inteligencia alemanes para, llegado el momento, influir en la toma de decisiones de Hitler y su Alto Estado Mayor de manera determinante.

La vida de Juan Pujol y sus increíbles peripecias como agente doble durante la II Guerra Mundial son objeto de análisis ahora con Garbo, el espía, obra de Stephan Talty publicada por Destino el pasado mes de septiembre. Talty, periodista y escritor norteamericano de origen irlandés que ha colaborado con The New York Times, Miami Herald o Irish Times, ha publicado varios libros de no ficción y siempre ha demostrado interés por abordar el análisis de personajes y hechos históricos algo olvidados hasta el momento como la vida del pirata Henry Morgan en Empire of Blue Water o la epidemia de tifus que se cebó sobre la Grande Armée de Napoleón en su campaña rusa en The Illustrious Dead.

La biografía sobre el espía español cuenta con el trabajo de años de investigación y las reflexiones personales de Pujol, sus familiares y sus compañeros en el MI5 británico. En estos tiempos en que las revelaciones del analista de la NSA Edward Snowden han destapado el entramado de espionaje masivo de las comunicaciones internacionales de Estados Unidos para conseguir información hasta de países aliados y 35 líderes internacionales, este libro llega en un momento muy oportuno para adentrarnos en el mundo del espionaje.

Un padre que "aborrecía la violencia (…) humanista comprometido que creía en la ciencia, el progreso y, por encima de todo en la tolerancia”, en palabras del autor, va a ser la principal influencia en la vida del futuro espía. La niñez y juventud de Pujol se desarrollan en la Barcelona próspera aunque convulsa de principios del siglo XX y con 24 años le sorprende el inicio de la guerra civil. No son estos primeros capítulos lo mejor del libro pues la descripción que Talty hace de Cataluña, los años de la II República y la guerra española se muestra algo endeble y no logra sumergirnos en la atmósfera del momento. Al menos contamos con las declaraciones del biografiado para entender al personaje en su época.



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Juan Pujol, soldado republicano.


Pujol vivió el ambiente de terror revolucionario de los primeros meses de la guerra en Barcelona y eso le convenció para rechazar los métodos del anarquismo y el comunismo y pasarse al bando franquista. Pero no tardó en detestar al régimen fascista español y su colaboración con la Alemania nazi que había invadido Polonia y desencadenado la II Guerra Mundial. “Mis convicciones humanistas no me permitían cerrar los ojos ante el enorme sufrimiento que estaba desencadenando ese psicópata”, declara Pujol que empieza a buscar la manera de ser útil a Gran Bretaña, la única potencia que se mantiene firme ante Hitler.

¿Qué podía hacer un español corriente que se había dedicado al negocio de la cría de pollos o la gerencia de un hotel en Madrid, y que no hablaba idiomas, para ayudar a Inglaterra a vencer a los nazis? Aparte de convicciones, a Juan Pujol le sobraban otras virtudes: talento, arrojo, imaginación desbordante y encanto en la relación con las personas. Por si esto no fuera suficiente, en abril de 1940 se casó con Araceli González, una hermosa mujer de fuerte carácter que fue su principal apoyo cuando Pujol tomó la decisión más importante de su vida: la de espiar como agente doble para ayudar a derribar el nazismo. Suena descabellado y, desde luego, lo era. Talty, ahora sí, pone a nuestra disposición una cantidad ingente de información sobre las andanzas del espía más famoso de la guerra mundial y los servicios secretos, lo que unido a un cautivador estilo de thriller, consigue que creamos estar leyendo una novela de espionaje que no queremos quitarnos de las manos.

No fue fácil trabajar para los servicios secretos ingleses. Pujol era rechazado, no encontraban ningún interés en su oferta y mientras tanto, decidió ofrecerse a la Abwehr, los servicios de inteligencia alemanes, que en España disponían de una red de espionaje al más alto nivel. Su plan con los alemanes tuvo éxito y logró ser reclutado como espía. Su nombre en clave para los nazis será Arabel (según un documental sobre Araceli, Pujol homenajeó a su mujer con el nombre en clave, Araceli bella, en contra de lo que opina Talty que alude al término ‘suplicante’ en latín como su origen).

El matrimonio Pujol se fue a Lisboa y desde allí empezaron a transmitir información a la oficina madrileña de la Abwehr haciéndoles creer que estaban en Inglaterra. Solamente a la sexta vez, en abril de 1942, y con la ayuda inestimable de Araceli, consiguió Juan Pujol que los ingleses le captasen como agente doble y se lo llevaran a Inglaterra para participar en el engaño estratégico.


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Juan Pujol, Garbo, ante la Embajada alemana en Madrid. / Chema Conesa


La situación del espionaje militar británico al comenzar la guerra permite que, por unas páginas, el relato de Talty adquiera un tono de comicidad realmente hilarante cuando nos describe los planes para prender fuego al Canal de la Mancha o la idea de crear un nuevo líder alternativo “porque los alemanes habían perdido la fe en Hitler”. Afortunadamente, cuando Pujol llega a Londres las filas del MI5 y el MI6 contaban con espías mucho más eficientes como Desmond Bristow o Tommy Harris, el colaborador perfecto con que podía contar Garbo a la hora de tejer la tela de araña en la que caerían los alemanes. Bajo la supervisión del coronel David Strangeways se creó el FUSAG, un ejército fantasma de un millón de hombres imaginarios al mando del general Patton, que tenía que convencer a Hitler de que el desembarco aliado llegaría por Calais. Se trataba de un sinfín de estratagemas y efectos especiales que tenían el fin de dar verosimilitud a los 1.200 mensajes que envió Garbo a la Abwehr contando con una red falsa de 27 subagentes inexistentes repartidos por la isla.

La información que se transmitía incluía un porcentaje de datos verdaderos y pretendía trazar los contornos de ese ejército fantasma que se preparaba para desembarcar a la vez que tenía que hacer desaparecer el ejército aliado real. El trabajo de Garbo se cierra con un broche de oro cuando, una vez efectuado el desembarco real en Normandía, consiguió con sus mensajes convencer a Hitler para mantener en sus bases de Calais a las divisiones acorazadas alemanas el tiempo suficiente para hacer la reacción inútil. El Día D y la invasión aliada habían logrado su objetivo.

A modo de gran ironía histórica, apenas dos meses después, Garbo era condecorado por el ejército nazi con la Cruz de Hierro con hojas de roble por ser considerado “el espía más brillante del servicio alemán” (también fue nombrado miembro de la Real Orden del Imperio Británico). Incluso Araceli, una vez acabada la guerra, se pasó por la embajada alemana en Madrid para recoger el resto del dinero que debían a su marido como espía al servicio de la Abwehr. Stephan Talty relata en un escueto final las indagaciones de Nigel West, el historiador que consigue dar con la pista de Garbo, desaparecido desde 1949 en que le dieron falsamente por muerto en Angola, poco antes de la celebración del 40 aniversario del desembarco de Normandía. Fue la reaparición estelar de un hombre normal y corriente que tuvo el coraje y la determinación de luchar contra un enemigo feroz con la única arma de su persona.

Rafael Fraguas entrevistó para EL PAÍS a Juan Pujol, Garbo, el 12 de septiembre de 1984.






Joan Pujol

Joan (o Juan) Pujol García MBE (Barcelona, España, 14 de febrero de 1912 - Caracas, Venezuela, 10 de octubre de 1988) conocido por su nombre en clave británico Garbo, y por su nombre en clave alemán Arabel, fue un doble agente español que con la asistencia de su esposa, Araceli González Carballo González (Lugo, España, 1914 - Madrid, 1990) desempeñó un papel clave en el éxito del desembarco en Normandía al final de la Segunda Guerra Mundial. La información falsa que Pujol proporcionó a Alemania ayudó a convencer a Hitler de que el ataque principal sería más tarde y en otro lugar, Paso de Calais (Francia), lo que resultó en su decisión de reducir las tropas en la zona del desembarco.

Agente del Reich

Nacido en Barcelona en el seno de una familia de clase acomodada, Pujol desarrolló una profunda aversión hacia la Alemania nazi y la Unión Soviética después de sus vivencias del fascismo y del comunismo en Cataluña tras la Guerra Civil Española. Alrededor de 1940, decidió que debía contribuir al final de la guerra ayudando al Reino Unido, único adversario de Alemania en aquellas fechas.

Araceli González se dirigió entonces a la embajada británica en Madrid, donde ofreció los servicios de su marido como espía. Tras ser rechazado ofreció sus servicios al III Reich con la intención de servir como espía doble para los aliados. Una vez aceptado por los alemanes estableció una falsa red de espías e hizo pequeños trabajos para éstos, tales como retransmitir códigos por radio, y volvió a ofrecer sus servicios al MI5, siendo esta vez aceptado, ya que el servicio de inteligencia británico había controlado sus pasos y conocía su situación (aunque esto él nunca lo llegó a saber).

Aunque operaba inicialmente desde Lisboa, fingía ante los alemanes estar en Gran Bretaña. Inventaba informes ficticios sobre movimientos de barcos mercantes, convenciéndolos con éxito de que eran datos verdaderamente valiosos, gracias a información obtenida en la biblioteca de Lisboa y noticieros del cine. Fingía viajar por toda Gran Bretaña y enviaba sus partes de gastos, según los precios que obtenía de una guía de ferrocarriles británica. Al comienzo pasó ciertos apuros al no entender correctamente el sistema británico de moneda pre-decimal (libras, chelines y peniques), pero solventó sus problemas enviando los partes gasto por gasto y arguyendo que ya enviaría el total más tarde.

Agente doble

Llegó al Reino Unido en la primavera de 1942 y operó como agente doble bajo el auspicio del Comité XX (Sistema de la Doble Cruz), una iniciativa de la Inteligencia Británica basada en la captura de agentes alemanes y su posterior conversión en agentes dobles para labores de contraespionaje o para maniobras de desinformación del enemigo. Su trabajo principal fue el de convencer a los alemanes que había conseguido reclutar a un gran número de agentes en Reino Unido, algunos de ellos personas de mucha influencia y con información valiosa. La dificultad de su trabajo radicaba en que debía en todo momento fabricar informes coherentes de todos los agentes que iba inventando y que no se contradijeran entre sí, sin perder credibilidad.

A veces debía inventar razones para explicar al Abwehr por qué uno de sus agentes había sido incapaz de informar sobre alguna operación que tarde o temprano llegaría a oídos alemanes y para no descubrir que todo era una farsa. En una ocasión informó que uno de sus agentes de Liverpool había caído enfermo justo antes de un gran movimiento de flota desde ese puerto a la costa oeste de Inglaterra. Al caer supuestamente enfermo, le fue imposible a ese espía transmitir aquella información. Para dar énfasis a su historia inventada, incluso tuvo que fingir la muerte de ese agente y hasta una esquela falsa fue publicada en un diario local. De esa forma, los alemanes creyeron su historia y hasta pagaron una pensión a la viuda del agente muerto.

La información que Pujol enviaba a los alemanes era inventada por sus superiores británicos e incluía una gran parte de sucesos verdaderos para que los informes fueran más convincentes. En ocasiones, se conseguía el efecto deseado mandando información genuina pero retrasando su llegada para que el daño fuera mínimo. Para ello a veces se recurría a matasellar una carta con una fecha anterior, pero no mandándola hasta la víspera del movimiento de tropas en cuestión para que cuando llegara pareciera un retraso del servicio de correos (esta maniobra fue utilizada antes de la Operación Torch). Los alemanes pagaban a Garbo grandes cantidades de dinero para mantener su red de agentes, que en un momento dado llegó a contar con 22 personajes ficticios. Garbo gozó de bastante credibilidad entre sus superiores (tanto de un bando como del otro), lo que lo llevó a adquirir el estatus de «A1 Agent».

Operación Fortitude

El trabajo de desinformación de Garbo era parte de la Operación Fortitude, que convenció a Adolf Hitler y a muchos de sus colaboradores de que la invasión aliada ocurriría en el estrecho de Calais, a 249 km de Normandía, y que el desembarco de Normandía era sólo una maniobra para atraer a las tropas alemanas lejos de Calais. De hecho, fue tal la credibilidad de la que gozó por parte de Hitler que incluso una vez comenzado el desembarco siguió pensando que esta no era la verdadera invasión, sino una mera distracción para el verdadero ataque en Calais. Para cuando Hitler se dio cuenta del engaño, la Operación Overlord ya había sido un éxito y las tropas aliadas se había adentrado demasiado, por lo que la movilización de las divisiones acorazadas no tendría el mismo significado.

Existe información sobre este espía en el Imperial War Museum de Londres, que incluye material altamente sensible desclasificado.

Condecoraciones

Garbo tiene el honor de ser la primera y una de las pocas personas condecoradas con medallas de ambos bandos, la Cruz de Hierro alemana (1944) y la Orden del Imperio Británico (1944).

Después de la guerra

Después del final de la Segunda Guerra Mundial, Pujol temía represalias de supervivientes nazis. Con la ayuda del MI5, Pujol viajó a Angola y fingió su muerte de malaria en 1949. De hecho nadie supo que seguía vivo, ni siquiera los servicios secretos británicos. Había ganado mucho dinero en la guerra ya que fue muy bien pagado, sobre todo por los alemanes y se trasladó a la población de Lagunillas en Venezuela, donde vivió en el anonimato estableciendo una librería, una tienda de regalos y un cine en Choroní, localidad costera venezolana de la que Pujol estaba enamorado. Pero no tuvo suerte en los negocios y perdió mucho dinero.

Antes de desaparecer se había divorciado de su primera esposa y posteriormente se casó en Venezuela con Carmen Cilios con la que tuvo dos hijos, Carlos Miguel y Juan Carlos, y una hija que murió en 1975 a la edad de veinte años.

Durante décadas se le dio por muerto, incluso su primera mujer y dos hijos que tuvo con ella lo creían así. Tampoco la familia que fundó en Venezuela sabía quién había sido. A veces comentaba en familia medio en broma que había sido un espía pero nadie le creía y se burlaban de él.

En 1984, Pujol se había trasladado con su hijo a la casa de Carlos Miguel en La Trinidad, Caracas. Fue más o menos por estas fechas cuando el escritor británico Nigel West, especializado en novelas de espías, se interesó por el fascinante personaje de Pujol sorprendiéndole su muerte tan novelesca. West intuyó que Pujol podría seguir vivo y se dedicó a su búsqueda consiguiendo al fin encontrarlo.

Tras su reaparición viajó a Inglaterra donde se reunió con sus viejos compañeros del M15 y donde recibió toda clase de honores siendo recibido además por el duque de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II. También viajó por varios países europeos en donde apareció en diversos medios de comunicación. Naturalmente visitó su cuidad natal, Barcelona, allí tuvo un encuentro con los hijos de su primer matrimonio que le consideraban muerto.
Pujol murió en Caracas en 1988 y está enterrado en Choroní, su querida población costera muy próxima al Parque Nacional Henri Pittier.

Cinematografía

El documental Hitler, Garbo... y Araceli (Lugopress / Cora) descubre la participación de esta última, su primera esposa, en el trabajo de Garbo.

La película documental Garbo, el hombre que salvó al mundo (dirigida por Edmon Roch; España) fue galardonada con el Giraldillo de Oro al mejor documental en la sexta edición del Festival de cine europeo de Sevilla. Asimismo, ganó el premio Goya a la mejor película documental del año 2009. Es un thriller documental sobre espías y agentes dobles contada con fragmentos de películas, material de archivo y entrevistas que articulan el discurso de forma que atrae al espectador hacia la historia de Joan Pujol. Tras su paso por numerosos festivales de cine internacionales, entre los que destacan Roma, Ámsterdam y Sevilla, el filme se estrenó en salas comerciales españolas el 4 de diciembre de 2009.








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