miércoles, 6 de marzo de 2013

585.- Hugo Chávez, luces y sombras





Hugo Chávez, luces y sombras




Chávez, un caudillo avasallador e imbatible

Por JUAN JESÚS AZNAREZ 

El frenético asentimiento de las masas cuando Hugo Chávez prometía partir el espinazo de los partidos políticos tradicionales y sancochar a los oligarcas, preludiaba, en los mítines de 1998, la resurrección en Venezuela de un fenómeno nacido en la América Latina del siglo XIX: el caudillismo. Convencido de que la simbiosis entre gobernante y pueblo era posible, el fallecido discípulo de Simón Bolívar dispuso de las herramientas fundamentales para abordar esa encarnación: un carisma imbatible, billones de petrodólares, y más pobres que ricos en el padrón electoral.

El paladín de la boina colorada murió vencido por un tumor del tamaño de una pelota de beisbol, y suplicando al Dios más vida para consolidar la revolución institucional e ideológica comenzada hace catorce años sobre las cenizas del bipartidismo nacional (1958-1999): Acción Democrática, socialdemócrata, y COPEI, democristiano: “Dios no me lleves todavía. Me queda mucho por hacer por este pueblo”, imploró en abril, con un rosario colgado al cuello. Sintonizando con su carácter castrense, el ex teniente coronel de paracaidistas negoció su rompedora hoja de ruta al estilo del patrón mexicano y los peones díscolos. “Escucho ofertas”, les decía con la pistola encima de mesa.

El arsenal político acumulado en las urnas y el paternalismo de Estado con la población más pobre, fundamentalmente negra y mulata, explican buena parte del éxito del líder de Barinas, que cantaba, bailaba y recitaba en público, nombraba y destituía por televisión, y encandiló al machismo nacional al anunciar desde el balcón de palacio la inminencia de relaciones sexuales con María Isabel Rodríguez, su segunda esposa entre los años 1999 y 2004: “¡Marisabel, esta noche te voy a dar lo tuyo”. Campechano, seductor, autoritario, sin escrúpulos en la consecución de sus objetivos, nadie consiguió tal veneración entre las clases más necesitadas de una nación de 29 millones de habitantes acostumbrada al subsidio y proclive a los hombres providenciales.

“Necesita ser idolatrado. Es narcisista”, resumió en su día el psiquiatra Eduardo Chirinos, que le trató en prisión tras el fallido cuartelazo de 1992, una intentona que le catapultó políticamente. El caudillo murió idolatrado por los suyos, con todos los resortes del Estado bajo su mando, y los índices de pobreza a la baja porque la inversión social en el último decenio alcanzó los 400.000 millones de dólares, según la CEPAL. Las mayorías oficialistas le permitieron burlar los contrapesos propios de las democracias representativas y legislar sin trabas, pero no fue un dictador porque todos sus actos de gobierno fueron legales, bien porque los legalizó a posteriori, o bien porque antes había promulgado las leyes que los justificaban.

Pocos negaron a Chávez una sincera empatía con los marginados, mayoritariamente de origen africano, que abrazaron la causa bolivariana con la gratitud y fidelidad de quienes se sintieron vindicados frente a la tradicional supremacía del poder criollo. Fue un jefe brillante, imprevisible, contradictorio, errático, afecto al darwinismo social, construido para la confrontación. Sin ideología claramente definida era muy desorganizado. Ignacio Arcaya, exembajador en Washington, recordó en el libro Cuentos Chinos que Chávez solía llamarle muy tarde, a veces a las cuatro de la madrugada.

“Yo le dije una vez: ‘Hugo, el principal causante de la desorganización eres tú”’. “Él preguntó: ¿por qué dices eso? Bueno, porque le pides a un ministro que te prepare un informe sobre la educación, que te prepare un sancocho [sopa de carne y verduras], que vaya un momentito a Estados Unidos a hablar con un banco, que regrese, y lleve a los niños a un juego de béisbol. Y eso no se puede hacer. Porque los ministros nunca te van a decir que no lo pueden hacer. Te van a decir, por supuesto, señor presidente, y después no van a hacer nada.”

El gallo que sólo escuchaba su propia voz y, a veces, la de Fidel Castro, murió imaginándose en la historia junto a Simón Bolívar, a la vera de José Martí, Ernesto Guevara, Georgi Plejánov o el general peruano Juan Velasco Alvarado. “Dame tu corona Cristo, dámela, que yo sangro. Dame tu cruz, cien cruces, que yo las llevo, pero dame vida”, rezó ante la imagen del Nazareno coronado de espinas. No parecía tener mucha vida entonces, el pasado mes de octubre, cuando se confesaba frágil ante la muchedumbre que enloquecía a su paso: “suavecito nomás”.







Los hitos del mandatario

Los grandes momentos en la vida del presidente de Venezuela

- Nacido el 28 de julio de 1954 en el seno de una familia pobre de Sabaneta, en el Estado de Barinas, Hugo Chávez Frías aspiró a ser pintor y después jugador profesional de béisbol en las ligas profesionales de Estados Unidos.

- Las anécdotas de su pobre pero feliz infancia en la Venezuela rural a menudo alimenta sus discursos políticos. Unido a su formidable carisma, sus raíces le ayudaron a forjar una potente conexión emocional con muchos de los venezolanos pobres, que le ven como uno más de sus familias.

- Ex teniente coronel, Chávez empleó mucho de su tiempo en la carrera militar para conspirar con otros soldados izquierdistas para derrocar el orden político tradicional.

- En 1992 dirigió un golpe de Estado contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, una asonada que, aunque fracasó, le ayudó a lanzar su carrera política. Un breve discurso mientras era trasladado a una prisión lejana conmocionó a muchos venezolanos y le impulsó después a la presidencia como un líder populista.

De una derrota militar a la victoria política
- Tras haber obtenido el perdón, Chávez realizó una gira por todo el país antes de vencer en las elecciones de 1998 y de asumir la presidencia a comienzos del año siguiente. Para muchos votantes pobres, simbolizó un nuevo comienzo tras décadas de Gobiernos considerados ampliamente corruptos.

- Medios de comunicación privados y líderes empresariales se opusieron con firmeza al presidente. En 2002 un grupo político opositor y militares disidentes organizaron un golpe de Estado. Chávez fue arrestado y enviado a una base militar en una isla del Caribe.

- Dos días después, oficiales leales al presidente derrocado y las protestas de sus partidarios le devolvieron al poder. Chávez acusó a Estados Unidos de estar detrás del golpe, y dijo que temía ser asesinado. El regreso al poder como jefe de Estado es visto por muchos apasionados chavistas con tintes cuasi-religiosos.

- Chávez disfrutó de amplio respaldo entre las clases pobres, que son mayoritarias, gracias al masivo gasto del Estado para expandir la sanidad y los programas educativos, financiados con los ingresos de las exportaciones del petróleo. También cultivó el apoyo del que disfrutaba enfrentándose a EE UU, país al que definió como un imperio decadente y belicista.

- Varias veces amenazó con detener los cargamentos de petróleo hacia Estados Unidos, el mayor mercado para el crudo venezolano. Nunca lo hizo. Chávez aumentó las exportaciones de petróleo a China y a otros países antioccidentales como Bielorrusia, Irán y Siria.

- Inspirado por su mentor y amigo, el líder cubano Fidel Castro, Chávez aplicó en Venezuela una política cada vez más radical, nacionalizando gran parte de la economía y dirigiendo el país de forma autocrática, según sus detractores.

- Sus opositores le acusaron de reprimir a sus críticos, de despilfarrar ingresos petrolíferos récord y de ahuyentar a inversores al expropiar bienes que van desde pequeñas tiendas y granjas a proyectos de refinerías gestionados por compañías extranjeras.

- Chávez tuvo un estilo deliberadamente populista, empleando un lenguaje fuerte y colorista que remite a la cultura machista de su región natal y de los barracones militares. Como Fidel Castro, fue conocido por sus largos discursos en televisión que podían prolongarse hasta bien entrada la noche. En 2012 batió su récord con una intervención de 10 horas.

- El presidente anunció a mediados de 2011 que estaba siendo tratado de un cáncer. Sufrió cuatro operaciones en Cuba, en las que le fueron extirpados dos tumores malignos. La enfermedad se declaró cuando en julio de este año, justo antes de la última fase de la campaña presidencial.

- Chávez logró la victoria en los comicios con el 55% de los votos para comenzar el 10 de enero de 2012 un mandato de seis años. En noviembre regresó a Cuba para exámenes médicos que descubrieron que el cáncer se había reproducido.

-El 8 de diciembre designa al vicepresidente Nicolás Maduro como su sucesor eventual

-El 18 de febrero de 2013 regresó a Caracas para ser ingresado en el Hospital Militar

-Hugo Chávez, muere el 5 de Marzo de 2013.







La herencia de Chávez

Por JOAQUÍN VILLALOBOS 

Cuando comenzó a gobernar, muchos pusimos atención en su discurso provocador y en la inviabilidad del “Socialismo del Siglo XXI”; le dimos poca importancia a un punto sustancial: Chávez era el primer gobernante de izquierdas con pretensiones revolucionarias que disponía de una enorme masa de efectivo. Otras experiencias populistas no gozaron de una bonanza tan prolongada y los países comunistas nunca fueron ricos; regalaban armas, tractores, becas, entrenaban militares o proponían trueques. No había existido un gobierno de izquierda que hiciera política con abundancia de dólares americanos como lo hizo Chávez. La renta petrolera venezolana ha alcanzado lo mismo a barrios de Caracas que a Cuba, Bolivia, Nicaragua y hasta el Bronx de Nueva York. Por encima de simpatías o antipatías, es indispensable analizar el impacto político que el dinero y las ideas de Chávez han tenido sobre la estructura de poder en Venezuela y Latinoamérica.

Chávez fue el líder de un grupo de presidentes autollamados “bolivarianos” que se han convertido en foco de atención por acciones antidemocráticas, soberbia ideológica o cinismo político. Sin embargo, la atención a personajes y sucesos ha hecho perder de vista el proceso político que albergan. Muchos de los excesos de los bolivarianos tienen relación con su condición de extremas izquierdas que al caer el muro de Berlín buscaron reciclarse. Estas han asumido la representación de venganzas estructurales por los agravios pasados y se fortalecieron con las crisis de anti-política que destruyeron a los partidos precedentes. Se los ha juzgado por los excesos, muy poco por sus límites y casi nada por el impacto histórico que podrían tener.

Los bolivarianos han gobernado en un continente dominado por gobiernos de izquierda, que han hecho prevalecer en la OEA y en casi todos los organismos continentales una política de tolerancia hacia los excesos. Hace medio siglo los principales destinos de los militantes de izquierda en Latinoamérica eran el exilio, la cárcel y el cementerio. La liberalización política y económica iniciada hace treinta años trajo democracia y estabilidad macroeconómica; sin embargo las grandes masas de pobres que habían permanecido social, económica y políticamente excluidos siguieron igual. La estabilidad macroeconómica no produjo rebalse para los pobres y Latinoamérica se convirtió así en la región con más progresos democráticos, pero permaneció como la más desigual del planeta.

En ese escenario, las fuerzas de centro y extrema izquierda pudieron armarse de votantes, tomar posiciones de poder, obtener victorias electorales consecutivas y convertirse en hegemónicas en muchos países. Fue así como con millones de pobres excluidos, con millones de dólares en sus manos y con un continente gobernado por amigos, Chávez hizo lo que hizo. La vieja hegemonía conservadora terminó y ya nada volverá a ser como en los 60, cuando se expulsó a Cuba de la OEA. En ese sentido, otorgar la presidencia de la CELAC a Raúl Castro no fue para apoyar a un régimen moribundo, sino para cobrar un agravio histórico.

Si bien hay razones para cuestionar la vocación democrática de los “bolivarianos”, en realidad se trata de gobiernos que intimidan, pero no matan ni torturan, que ejercen una represión limitada y se sostienen en incuestionables mayorías electorales. Estos gobiernos repiten lo que hicieron durante décadas los gobiernos conservadores de aprovecharse del Estado para fortalecer económica y políticamente a grupos de poder propios. No importa si a esto se le llama corrupción, cambio de turno o tradición; en esencia, son las debilidades institucionales heredadas las que les han permitido hacerlo. El conflicto que mantienen con los medios de comunicación se explica por el poco poder y espacio que tienen las izquierdas en este terreno, por la real existencia de monopolios mediáticos conservadores y por el cobro de cuentas por agravios pasados.

Si bien no se los puede considerar plenamente democráticos, tampoco son regímenes autoritarios, están muy lejos de ser lo que fueron Videla o Pinochet y también de lo que ha sido el régimen cubano. Es la solidez de su mayoría electoral y la debilidad de sus opositores fragmentados lo que los mantiene en el gobierno. Es en extremo difícil que se transformen en dictaduras; permanecerán en el poder el tiempo que mantengan esa mayoría electoral. Han atendido la inclusión social, pero en general son estructuralmente ineficientes y a futuro esto afectará su fuerza electoral. La recuperación de la institucionalidad democrática tendrá que emerger del nuevo balance de fuerzas que está construyéndose.

La pobreza que viven muchas regiones de Latinoamérica empuja a personas a vivir como damnificadas de un desastre permanente; no se asemejan a los trabajadores griegos o españoles perdiendo beneficios, se trata de gentes sin esperanzas de nada. En casos como estos el asistencialismo es indispensable. En ese sentido, las políticas sociales bolivarianas son cuestionadas como asistencialistas e insostenibles porque dependen de los altos precios del petróleo y de las materias primas. Efectivamente así es; sin embargo en Latinoamérica hubo otros períodos de bonanza rentista que acabaron en despilfarro de las clases altas, la diferencia es que ahora sería la primera vez que los pobres no se la pierden y esto tiene una implicación política muy importante.

En efecto, la sostenibilidad o no sostenibilidad en el largo plazo de las políticas sociales no puede depender de los precios del petróleo, sino de si a futuro será posible o no elevar la tributación, y esto es precisamente lo que mantiene a Latinoamérica como la región más desigual. Mientras la media de recaudación fiscal de los países de la OCDE es 35% del PIB la de Latinoamérica es 19%. La “revolución fiscal” que necesita el continente no surgirá de la sensibilidad de las clases altas, sino de la competencia democrática y la demanda ciudadana. En ese sentido, el impacto político más estratégico del llamado “populismo” es que está modificando positivamente la demografía electoral. En el proceso histórico de valoración del voto popular podemos hablar de quienes no existen como electores, de quienes no votan porque no saben que votar es importante, de quienes votan manipulados y de quienes aprenden a vender el voto. Esto concluye cuando se convierten en mayoría quienes descubren que votar les permite ser representados y tener beneficios. Este proceso civilizatorio lo vivieron los europeos en el siglo pasado y condujo a mayor equidad y desarrollo. En otras palabras, quien quiera gobernar tiene que pensar seriamente que los pobres importan, por ello la inclusión y la generación de una identidad política que los integre es vital para la democracia, aunque por ahora esa identidad tenga características contestarías.La herencia más particular de Chávez ha sido la generación de nuevos ricos, esto muy a pesar del conflicto moral que la extrema izquierda tiene con la riqueza. Por ello ha sido realmente surrealista que grupos de la extrema izquierda latinoamericana, “algunos de ellos comunistas de pura raza”, fueran enriquecidos y convertidos por Chávez en lo que se conoce como “boliburgueses”. Esto no es malo, al contrario, es muy positivo que la izquierda tenga empresarios y poder económico para fortalecer el balance de poder y mejorar su comprensión sobre el mercado y la democracia.

En Nicaragua los recursos llegados de Venezuela están dando tiempo para un despegue productivo del país. Entre los muchos proyectos se ha construido un gran parque de diversiones gratuito que visitan diariamente decenas de miles de niños y jóvenes con sus familias. Esto podría considerarse insostenible a futuro; sin embargo, si se tiene en cuenta la contagiosa infección criminal que padecen los violentos vecinos El Salvador, Guatemala y Honduras, el parque es un formidable instrumento de prevención del delito que está protegiendo la seguridad y el crecimiento económico de Nicaragua. Visto así, Chávez en realidad ha subsidiado indirectamente a los empresarios. Si a futuro los recursos venezolanos dejan de llegar, los ricos nicaragüenses tendrán que decidir si prefieren pagar más impuestos o enfrentarse a los narcotraficantes y a la “mara salvatrucha”.
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Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales



Chávez



La conspiración del cáncer inducido

Por: Esther Samper 

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, falleció ayer debido a las complicaciones asociadas al cáncer que afrontaba desde hace más de año y medio. Poco tiempo antes de su muerte, el político Nicolás Maduro desató la polémica al afirmar lo siguiente en una conferencia sobre su delicado estado de salud:
Nosotros no tenemos ninguna duda y llegará el momento indicado de que se pueda conformar una junta médica que confirme que él (Chávez) fue atacado. Buscaron el punto para dañar la salud de nuestro comandante. Tendrá que ser investigado por una comisión especial. Ya tenemos pistas y llegará el momento de realizar estas investigaciones.

No es la primera vez que un político anuncia, públicamente y sin margen para malentendidos, que los enemigos de su patria han intentado atentar contra la vida de un mandatario de las más diversas maneras. Este miedo, desde luego, no carece de cierta justificación. Es bien conocido que Estados Unidos ha participado, en multitud de ocasiones, en derrocar a gobiernos sudamericanos, lo que también incluía el asesinato de sus dirigentes. El ejemplo actual más representativo es Fidel Castro, Estados Unidos intentó asesinarle en centenares de ocasiones y algunos de esos intentos están perfectamente documentados.

La afirmación de Maduro sobre la posibilidad de que a Chávez le inoculasen el cáncer no ha sido aislada. Hace más de un año, fue el propio Hugo Chávez el que acusaba, de forma bastante sutil, sobre esta posibilidad al preguntarse si era posible que existiera una tecnología que permitiera inducir el cáncer. Sus sospechas se debían a que, en aquel momento, no sólo a él le habían diagnosticado cáncer, sino también a la entonces candidata a presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, al presidente de Paraguay, Fernando Lugo, a Lula da Silva, entonces presidente de Brasil, y a Cristina Fernández, presidente de Argentina (aunque más tarde se confirmó que no era maligno).

 Sin duda, llama la atención que tantos dirigentes sudamericanos pasaran por un cáncer en esos momentos, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que el cáncer es una de las enfermedades más frecuentes en el mundo desarrollado y que las probabilidades de que aparezca aumentan con la edad. En España, por ejemplo, uno de cada 3 hombres y una de cada 4 mujeres padecerá cáncer en algún momento de su vida. Con esa perspectiva, no resulta tan extraña la casualidad anterior.
Por otro lado, tanto en las afirmaciones de Maduro como de Chávez, se mencionan indistintamente "inocular", "contagiar" o "inducir" el cáncer. Aunque estos tres términos son muy similares, hay diferencias importantes entre ellas y es necesario aclararlas individualmente para discutir con más rigor sus comentarios.
Sobre la inoculación del cáncer, la ciencia médica es bastante tajante al respecto: es imposible inocular el cáncer (es decir, administrar células cancerosas) a una persona con el sistema inmune sano y que ésta se enferme por cáncer. ¿La razón? El sistema inmune de esta persona detecta las células cancerosas como extrañas (pues no proceden de él) y las aniquila. Sin embargo, la historia puede cambiar si la persona posee un sistema inmune muy debilitado (por una enfermedad o por tratamiento inmunosupresor) y entonces sí que puede darse el caso, aunque es difícil, de padecer un cáncer que venga desde fuera. Esto último se ha dado muy raramente en pacientes que tomaban medicación inmunodepresora y que habían recibido un órgano de un donante que padecía cáncer. 
Sobre el contagio del cáncer, es decir, sobre la posibilidad de que una persona contagiase el cáncer a otra persona, la ciencia es igualmente clara al respecto: el cáncer no es una enfermedad infecciosa ni contagiosa y no existe ninguna vía posible en la que pudiera contagiarse.
Así pues, puesto que Chávez poseía un sistema inmune funcional cuando le diagnosticaron el cáncer, tanto la explicación de la inoculación del cáncer como la del contagio quedan totalmente rebatidas. ¿Y sobre la inducción del cáncer? Ahí entramos en un terreno más farragoso. El cáncer no se puede contagiar o inocular, pero sí se puede inducir de forma indirecta aumentando las posibilidades de que ocurra. ¿Cómo? Las formas pueden ser muy variadas: con radiactividad (como ocurrió en Hiroshima y Nagasaki), con productos químicos carcinógenos, con virus oncogénicos (como el virus del papiloma humano)...
Por lo tanto, sí que es posible aumentar las posibilidades de que una persona padezca un cáncer con los medios anteriores pero, eso sí, no se puede causar directamente. ¿Tenía razones Chávez y las tiene Maduro para afirmarlo con rotundidad? Ahí ya entramos en detalles de conspiraciones en los que es mejor no entrar. Aún así, si realmente querían matar a Chávez, la inducción de un cáncer es una de las peores estrategias que podrían haber seguido sus enemigos. Primero, porque no se tiene nunca la certeza de que con esas medidas vayas a causar un cáncer con 100% de probabilidades y, segundo, porque la mayoría de cánceres hoy en día se curan.
Con mucho, lo más probable es que el cáncer de Chávez ocurriera espontáneamente, como casi todos los casos de cáncer de este mundo. Si Maduro no tiene ninguna prueba para pensar lo contrario sólo hay dos posibilidades: O tiene un miedo irracional a sus enemigos o desea convertir a Chávez en un mártir.








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